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Las guerras de nuestros parientes

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12 de abril 2026 - 03:09

Todas las familias felices son parecidas, las infelices lo son cada una a su manera. El primer párrafo de Ana Karenina arroja tantas dudas sobre la afirmación de Tolstói que a veces pienso que el problema viene de las malas traducciones del ruso y no de los lados oscuros del escritor a quien odiaban por incongruente algunos de los exiliados rusos de la familia de Emmanuel Carrere, según nos cuenta en su reciente novela Koljós. La guerra de los rusos blancos y los rusos rojos que tan bien convirtió en comedia Manuel Chaves Nogales en las aventuras del maestro Juan Martínez, el que estuvo allí.

Los científicos acaban de describir la sangrienta guerra civil en la que anda enfrascada una de las mayores poblaciones salvajes de chimpancés, dos centenares de monos del parque ugandés de Kibale que hace años se separaron para crear identidades diferentes. Sin que se sepan del todo las causas, los monos occidentales y los monos centrales se dividieron y dejaron de procrear entre ellos, de tal modo que fueron forjando una barrera genética y emocional invisible hasta que hace unos años comenzaron a agredirse. Un macho alfa fue el primer herido de la contienda primate, pero los muertos ya se cuentan por decenas. Al parecer se trata de una lucha por los recursos como en tantos otros casos del reino animal –al fin y al cabo, éste es el motor de la evolución–, aunque la estrategia ugandesa es la aniquilación de los contrarios. Advertencia: los chimpancés no son del género Homo, sino Pan; es decir, que el pecado original llega más allá de nuestros ancestros simiescos más cercanos.

El inicio de Ana Karenina se podría escribir al revés, las parecidas son las familias infelices, rotas siempre o por el dinero o por los celos, pero viene a cuento cada vez que los partidos se enfrascan en las designaciones de las listas electorales. La familia del PP, que ahora es feliz, es aburrida. El dictado no pica cuando hay abundancia, se acepta el caudillismo, el dedazo de Juanma Moreno se hace a manojitos. La del PSOE es más divertida, la de su izquierda, tan extravagante que Rufián ha entrado en la pugna como nuevo macho alfa tocado con un casco azul.

Los socialistas se peleaban hasta cuando Felipe González gobernaba con mayoría absoluta, aunque aquello era fruto de las divisiones ideológicas y de la lucha de poder en un partido plural. Ahora no media ningún tipo de diferencia. Cuantos menos cargos, más truculenta se vuelve la competencia, más insultos, más mentiras. Cuenta un dirigente andaluz del PP, amigo de otro del PSOE, que se hartó de escucharle criticar a sus compañeros, tan insoportable como esas personas que sólo hablan mal de su propia familia, insistentes como las chicharras cuando hace calor.

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