Capillita el que no bote
06 de abril 2026 - 03:07
La religión es una idea y como tal puede ser sometida a crítica o a escarnio. Musulmán es el que practica el Islam, supongo que quienes gritaban “musulmán el que no bote” en Barcelona lo que querían decir es “moro el que no bote”. Sobre todo porque un momento antes lo que decían es “Pedro Sánchez hijo de puta”, no hace falta ser un lince para saber el tipo de personas que gritan esas cosas en un estadio. La policía no lo tendrá difícil porque eran lo menos cinco mil personas, lo que será más complicado es explicar cómo se puede insultar al presidente del Gobierno, al Rey o a favor de ETA y no pasa nada, pero si se critica a una religión parece que se abre la tierra bajo los pies. No sería racismo, porque musulmanes los hay negros, árabes, persas, caucásicos y malayos , lo profesan cerca de dos mil millones de personas, cabe suponer que se referían a los magrebíes que viven entre nosotros, no a los jeques que usan su dinero para comprar equipos de fútbol, o vivir a lo grande en Marbella. No me da ninguna pena Lamine Yamal, los gritos a futbolistas, sean del equipo que sean, no me afectan: ganan muchísimo dinero para soportar cada semana algún grito que otro. El racismo que se dirige a los pobres migrantes que están entre nosotros sí me resultan vomitivos, es el desprecio al pobre, aporofobia, lo sabe Vox. Me da igual que le griten al Cholo, gana mucho dinero así que se aguante. Otra cosa son los energúmenos que van a los campos a insultar y a gritar para desahogarse de las frustraciones de su miserable vida. Las Brigadas, los Boixos, el Frente Atlético, los Ultrasur, todos los que están amparados en la cursilería esa de “grada de animación” están cortados por el mismo patrón del fanatismo. Es bastante probable que esa gente no se les ocurriría gritar a los católicos, a los defensores de las tradiciones, a los que cargan pasos, a los que salen de penitentes (o nazarenos, da igual), a los políticos que van a apuntarse a un bombardeo barato en las procesiones en lugar de resolver la crisis de la sanidad, el que grita es un energúmeno tenga la motivación que tenga, sea política, religiosa o seguir a un equipo de fútbol. Cabe suponer que quienes gritaban en Barcelona eran defensores de la fe católica y las tradiciones patrias cara al sol. Me parecen unos fanáticos, como los que gritan contra Vizcaíno, contra los jugadores del Cádiz cuando pierden o a los jugadores rivales cuando ganan. La gente amparada en la masa se vuelve muy valiente, la cultura de la grada que cantaba Javi Osuna. Por no citar a los exdelphis.
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