Pelillos a la mar
Tuve moña, y muy bien pareja, hasta los 25 años; una melena crin, preciosísima, que lucí durante un cuarto de siglo con más prestancia, dígase lo que se diga, que el legendario cowboy Buffalo Bill. Cuando era niño, y también cuando fui mozo, presuntos amigos, indiscretos y alcahuetes, me advirtieron que la calvicie era ancestral, sucesoria, y, sobre todo, genética. Yo miraba a mi padre, como lo contemplé siempre, con profundo amor y respeto, pero -viéndolo absolutamente pelado y siendo la deforestación sucesoria- también con cierto cerote.
Entonces, leía El Alquimista, una de las grandes novelas de Paulo Coelho, quien, con una prosa directa y casi infantil, sostiene, básicamente, que el miedo a sufrir impide buscar sueños y que ningún corazón sufre al buscar lo que desea. El brasileño sentenció que “cuando quieres algo, todo el universo conspira para que lo realices”. Leche machanga.
En aquellos tiempos, los pelos de mi difunta melena habían iniciado un éxodo........
