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Noche de paz

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22.03.2026

La madrugada del miércoles al jueves estuvo animada. Vivo en el centro del Puerto de la Cruz, en el casco, justo enfrente de una sucursal de La Caixa. Una oficina con mucho tránsito de gente, aunque generalmente no a esas horas. Una oficina/store de esas, donde no hay dinero sino en los cajeros y sólo se manejan documentos y se llevan a cabo gestiones personales. Un buen sistema ese del store, si los cajeros no estuvieran averiados la mayor parte del año (sobre todo, de noche), porque los usuarios cometen las mayores tropelías contra ellos. Esa madrugada escuché la conversación entre un vendedor y un cliente, ante el cajero, que daba gloria oírla; los gritos de un italiano borracho que declaraba su amor a Meloni; un camión chiquito, de esos que usan los magos para estiércol, cuyo conductor pitaba incesantemente como deseando con toda su alma que nadie durmiera. En fin, una madrugada entretenida, que aproveché para ver una película de los Oscar –o sea, una mala peli— y otra cómica para que me alegrara el tiempo de insomnio. Me acosté a las seis de la mañana, con las claras del día, casi, pero riéndome de las ocurrencias del guion. Fue, ya digo, una madrugada escandalosa, que también aproveché para leer las primeras noticias de los periódicos. Me enteré, por ejemplo, de que Hollywood resucita a sus viejos actores con la inteligencia artificial y de que volveremos a ver a los mitos actuando en filmes actuales. Incluso podrán recoger sus premios en la ceremonia de los Oscar. Espero que, como el alma sólo es de Dios, la IA no pueda dotarlos de alma; estaríamos ante la historia repetida de la humanidad. Yo quiero ser Fernando el Católico. Otros se reencarnarán en Zapatero, que confundió a Ortega y Gasset con un poeta, en Caracas, en un discurso por la paz. Ay. Y es que la tierra es del viento, Bambi.


© Diario de Avisos