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La guagua en el charco

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26.03.2026

Las imágenes de la guagua metida en el charco en la Punta de la Carretera portuense son tremendas. Un pasajero salió por la claraboya gritando “¡Help!”, mientras el agua subía y subía y dos turistas jóvenes rezaban en el techo del vehículo, antes de ser rescatadas por los bomberos. Cayeron 90 litros/metro cuadrado en una hora y yo estaba en el balcón, como Isabel viendo llover en Macondo. Nadie como García Márquez ha descrito la lluvia, no me voy a tomar la molestia. Mi calle es una maravilla, la envía toda a la Plaza del Charco, que hizo honor a su nombre. Viví toda mi infancia en la Plaza del Charco y nunca vi nada igual que lo de la noche del martes. Había salido en el coche por la tarde, con Mini, pero me olí la tragedia y regresé a casa sobre las seis y pico, una hora antes de que comenzara el diluvio universal. Varias amigas me llamaron para interesarse por mí y no digamos mis hijas, preocupadas por lo que ocurría en el Puerto. No “en Puerto”, como dicen los iletrados de la tele canaria. Por cierto, da gusto escuchar -y ver- a compañeras como Marta Modino, segura, serena y gran profesional. Luego están las que juegan a pie de riada, superadas por los nervios; y las entiendo, porque la situación se puso peliaguda. La tele canaria se especializa en desgracias y lo hace muy bien. Las desgracias suben su audiencia sustancialmente. La desgracia está pegada a la televisión, más que a la radio. Porque el público desea ver y la radio sólo ofrece sonidos descriptivos. El otro día, un médico que almorzaba en Los Limoneros llamó a un amigo para preguntar si yo andaba con un taca-taca. Era el carrito de Mini, pero a lo mejor es que ya parezco un tullidito. ¡Coño!


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