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Galipán

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24.03.2026

En el Valle del Galipán, en las faldas del Ávila, la muralla de Caracas hacia el Pacífico, algunos etarras que escaparon de la justicia española montaron restaurantes de carne. Los gobiernos venezolanos, tanto de Copei como de Acción Democrática, siempre fueron indulgentes con los asesinos vascos y en Venezuela encontraron estos personajes siniestros cobijo y trabajo. Es curioso, mataban en España y se refugiaban en Venezuela y hasta algunos de ellos, curiosamente los de poca monta, soplones y colaboradores necesarios, hicieron pequeñas fortunas y crearon nuevas familias allí. Galipán, una población bonita y a veces fría, por encima de la Cota 1.000 de Caracas, fue fundada por canarios, por emigrantes isleños que llegaron a la tierra prometida huyendo de las penurias insulares. Un funicular te alcanza hasta la cima del Ávila, en cuyos alrededores hay un hotel, el Humboldt, donde los ricos de Caracas llevaban a sus queridas o las llevan todavía, que yo hace tiempo que no aparezco por los alrededores. Además, ni soy rico ni tengo queridas. En Galipán, mis amigos me señalaban los restaurantes de los etarras, que eran los mejores de la zona, muy frecuentados por turistas. Cuando se averiaba el funicular los visitantes se reducían y el teleférico estuvo un tiempo abandonado. Yo subí en él un par de veces, aunque a Galipán se puede llegar en coche, si no recuerdo mal, por una carretera de cumbre que a veces se llena de piedras y de árboles. Aquella zona, tranquila, con unas vistas muy bonitas, fure la elegida por los miembros de ETA huidos para vivir más discretamente, alejados de las miradas inquisidoras de la Interpol, que algunas veces localizaba a algún terrorista, aunque rara vez lo detenía. No le interesaba a nadie hacerlo. Yo creo que ni siquiera a los gobiernos españoles de cualquier signo. Venezuela es tierra de acogida hasta para los asesinos.


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