Evocación de Emilio Barón
07 de marzo 2026 - 07:56
Alto y serio, poco dado a expansiones afectuosas o regocijadas, pero bien pertrechado para la ironía ‒y aún más para el sarcasmo‒, avanzaba a trancas apoyándose muy tieso en un bastón que parecía formar parte de su anatomía e incluso de su personalidad, y que lo elegantizaba hasta saber extraer del defecto provechosa virtud. A veces era incluso posible adivinarlo razonablemente feliz en su pequeño apartamento de Retamar, que él había idealizado en algunos poemas convirtiéndolo en estudio frente al mar o casa junto al Cabo, cuando en realidad estaba incrustado en la primera planta de un viejo edificio vacacional cuya terraza daba a una calle con una pizzería enfrente; la cinta del mar tan sólo se contemplaba muy al fondo. Tiempo después sí que lo tuvo al alcance de la mano desde su balcón en un aislado edificio de la pedregosa playa de El Palmer, donde lo visité una vez cuando estaba recién instalado allí. Por la noche aquel paraje resultaba algo lóbrego y ciertamente propicio para las evoluciones de las parejas furtivas y otro tipo de equívocas clandestinidades.
Pero ahora que hace pocos días que Emilio Barón ha muerto de manera silenciosa, lo recuerdo sobre todo en su refugio de Retamar, mediados los años 90, adonde íbamos con alguna frecuencia Ramón Crespo y yo en busca de un rato de gratificante conversación de la cual no estaban excluidas las discrepancias pero tampoco la puesta en común de........
