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Memoria y geopolítica

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17.03.2026

17 de marzo 2026 - 03:06

En el 45 aniversario en el que los andaluces acudieron a las urnas para decir sí a su autogobierno nos recuerda a todos lo frágil que resulta a veces la estabilidad. Mientras tanto, al otro lado del planeta, la geopolítica arde. Lo que durante décadas ha sido una rivalidad soterrada entre Irán e Israel, hoy se ha convertido en una confrontación abierta que va mucho más allá de la religión o la ideología.

A los que nos gusta la historia podemos recordar que, desde la Revolución iraní de 1979, Teherán ha puesto en cuestión la existencia misma del Estado hebreo. Por otra parte, Israel, lleva años considerando a Irán una amenaza existencial, tanto por su programa nuclear como por su capacidad de influir en la región a través de actores como Hezbolá. Décadas de hostilidad latente que ahora, una vez más, alteran el equilibrio de una de las regiones más inestables del planeta. Y ahora como si de un animal acorralado intentando luchar por su supervivencia, vemos los graves efectos en las economías mundiales.

Zanjar una crisis de esta magnitud exige manejar con tino los instrumentos del poder: la diplomacia, la economía, la información y, cuando todo lo demás falla, la capacidad militar. Pero alcanzar acuerdos sólidos se vuelve extraordinariamente difícil cuando el conflicto hunde sus raíces en rencillas históricas, disputas territoriales y estratégicos intereses geopolíticos. Conviene recordarlo: de aquellos polvos, estos lodos.

Hay claves geográficas y económicas que conviene no pasar por alto. Oriente Próximo ha sido siempre encrucijada de caminos entre Europa, Asia y África. El ahora tan sonado Estrecho de Ormuz se ha convertido en el epicentro del planeta. Y los Ayatolas ven como entran en la fase más cinética de la guerra donde no van a quedarse de brazos cruzados, sabiendo que si sobreviven lograran implicar suficiente daño, logrando así su objetivo. El talento innato del que hoy lee esta columna y sus experiencias anteriores ya le habrán dado algunas pistas sobre cómo se verá afectado en los mercados este enfrentamiento. Ante todo, prudencia, pues en esto de la globalización, lo que ocurre lejos termina siempre llamando a nuestra puerta.

Por eso, apelar a la resiliencia como hicimos en la crisis de 2008 o en la pandemia no bastará. Esta vez, hará falta política, diálogo y cooperación. Y mucha responsabilidad colectiva para salir airosos de este alevoso enfrentamiento.

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