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Microquimerismo

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03.03.2026

Creado: 03.03.2026 | 05:00

Actualizado: 03.03.2026 | 05:00

Biológicamente, el lazo con quien te dio la vida no termina en el parto. La ciencia lo llama microquimerismo materno: durante el embarazo, células de la madre cruzan la placenta y se alojan en el cuerpo del hijo. Lo extraordinario es que no desaparecen. Permanecen activas durante décadas, integrándose en tus tejidos. Se han encontrado en el corazón, los pulmones y formando parte del sistema inmunológico. No están de paso: participan. Ayudan a entrenar defensas, a responder mejor frente a infecciones y a sostener la salud cotidiana. Incluso después del nacimiento, la lactancia continúa ese intercambio, transfiriendo células y señales inmunes que construyen memoria a largo plazo. Por eso, sentir cerca a las madres o a las abuelas no es metáfora, es ciencia. Es una realidad física: una parte de ella sigue viviendo en nosotros. Lo cierto es que la ciencia responde a las intuiciones de una manera contundente. La presencia de las madres, esa importancia absoluta, las sensaciones de desdoblamiento, los sueños, los arquetipos. Poco a poco el mundo se nos desvela infinitamente más complejo, más sensible, un lugar en el que la compasión forma parte de la ecuación de la naturaleza. Esa madre que no te abandona, esos árboles que envían savia para salvar a un congénere enfermo. A recordar en los tiempos que corren.


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