La resurrección de mossèn Gil i Ribas
Creado: 15.04.2026 | 05:00
Actualizado: 15.04.2026 | 05:00
Através de amigos colombianos he sabido de la lucha de mossèn Gil i Ribas, padresito José, entre la vida y la muerte estos días en una residencia de ancianos de Tarragona.
Y es que mossèn Gil se ganó a sus parroquianos desde el primer día que puso el pie y su sotana en una de las barriadas más duras de Cali, Colombia, aún hoy asolada por las balaceras del narcotráfico.
Y en una de esas llegó el padresito José desde el arzobispado de Tarragona a la barriada. Bajó del carro —nos contó tantas veces— que, mal que bien, los transportaba por las veredas de la capital caribeña y su acólito colombiano, el padresito Bernardo, que visitó Reus años después santiguándose por tanta maravilla como veía, le gritó: «Tírese al suelo, padresito».
Se ganó a sus parroquianos desde el primer día que puso el pie en una de las barriadas de Cali
Y fue justo a tiempo, porque una ráfaga de AK-47 zumbó sobre sus cabezas y escapó de unas cuantas más en aquellos años de misión. Mossèn Gil comprobó al llegar a la parroquia que los niños del barrio no iban al colegio, porque los padres preferían que llevaran algo de plata para casa. Para evitarlo, les aseguró que él les daría de comer en la parroquia solo si iban al cole. Y logró así frenar el abandono escolar. Les daba desayuno y solo si iban al cole, la comida. Muchos le deben hoy el saber leer.
¿De dónde sacaba los cuartos el mossèn para tanto niño? Pues los amigos colombianos rezan hoy por él y por los amigos de Reus y Tarragona y El Catllar y Barcelona y todos cuantos se pusieran a tiro (esta vez del suyo: bondad, generosidad y entrega) para sacarnos unos eurillos con los que ayudar en Cali.
Siempre estaba pidolant nuestro mossèn. Si no era para Colombia, era para reconstruir una iglesia en nuestras comarcas (lo dio todo por El Catllar) o para tal o cual obra benéfica. Organizaba calçotadas a las que eras invitado, gratis total parecía, hasta que aparecía mossèn Gil bandeja en mano. Y nos retratábamos felices y con el alma por las nubes tras donar lo que podíamos.
También organizó mucho antes fiestas para el espíritu, empezando por el suyo, al que exigió horas de estudio sin cuento del latín, non multa sed multum, porque se dio a todos, pero a sí mismo se exigió como a un elegido; pero también del italiano, de sus años en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma; y del alemán, porque quiso estudiar en Paderborn y en su idioma a los grandes filósofos teutones que negaban la fe, porque solo así, nos decía, sabría cómo discutir sus razones.
Quería mejorar el mundo y eso pasaba, para empezar, por la iglesia
Y es que desde el seminario mossèn Gil fue de los que comunican directamente con el Altísimo sin plegarse a la mediocridad de sus no siempre acertados intermediarios. Quería mejorar el mundo y eso pasaba, para empezar, por la iglesia. Fue uno de los fundadores de Justicia i Pau, siempre en vanguardia de la iglesia más progresista y catalanista… También en teología, universal por definición, donde su escatología cristiana resultó renovadora («Sense resurrecció –repetía– res té cap sentit»).
Aún se recuerda cómo, tras perder el pulso en su día por el arzobispado de Tarragona, para el que reunía méritos más que suficientes, colgó –literalmente– su sotana de un árbol del claustro del arzobispado, donde pudiera verse como una bandera no tanto de renuncia como de denuncia.
También tuvo talento y ganas para ascender por la música a las más altas esferas del espíritu, porque empezó a tocar el violín que le dejó su padre de oído; pero cuando pudo en el seminario, aprendió piano y destacó al teclado hasta el punto de ser organista de la catedral de Tarragona. Por esas esferas, decía Pitágoras al cabo, se llega a la divinidad directamente.
No paró el mossèn, en fin, y no aspiro aquí, tampoco sabría, a agotar el venero de anécdotas, hechos, dichos, dichas y desdichas de la vida de mossèn Gil, ya casi centenario, que supo dedicar lo mejor de sus vivencias a los parroquianos del Catllar.
Si voleu anar a veure’l encara el trobareu a la Residència Santa Tecla i per sempre ressucitat… Per mèrits propis. Gràcies mossèn Gil i Ribas.
