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La hidra herida

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16.03.2026

Haiga sido como haiga sido -diría la némesis del morenato-, pero finalmente el cártel Jalisco fue descabezado.

Durante años, el Cártel Jalisco Nueva Generación no fue un cártel. Fue un imperio.

Un imperio criminal moderno: finanzas globales, presencia internacional, puertos estratégicos, rutas logísticas, franquicias locales, lavado sofisticado. Una maquinaria.

El narcotráfico es su corazón, no su límite.

Sus tentáculos se extienden al huachicol fiscal, la extorsión, el tráfico de personas. También, a negocios lícitos: turismo, bienes raíces, manufactura fachada.

Agencias estadounidenses ubican su red en decenas de países. 

En México, su presencia dominante se extendía por más de la mitad del territorio nacional y por una veintena de estados con operación directa. 

Eso no significa control total, sino ascendencia.

En muchos estados y cientos de municipios, significa capacidad de imponer reglas.

Su poder territorial tiene una lógica perversa y una penetración terrorífica: 

Jalisco, Colima y Michoacán para los puertos y los precursores del fentanilo.Baja California para la puerta hacia Estados Unidos.Tamaulipas y Veracruz para el negocio energético ilegal.El corredor del Golfo, Chiapas y Tlaxcala para el tráfico humano.Nayarit y Quintana Roo para el lavado en turismo y bienes raíces.

Geografía criminal diseñada, no improvisada.

Pero el verdadero secreto del imperio no es su tamaño. Es su arquitectura.


© Detona