Dime cómo juegas y te diré quién eres
Los mejores jugadores no iban.
Los equipos mandaban suplentes.
Y la MLB lo veía como las empresas ven un proyecto piloto que nadie pidió: con una mezcla de condescendencia… y la esperanza de que no fracase gacho.
Era, en el mejor de los casos, un experimento simpático.
Veinte años después, el torneo tiene a Shohei Ohtani, Aaron Judge, Juan Soto y Vladimir Guerrero Jr. defendiendo los colores de sus países.
Tiene transmisión global.
Tiene veinte selecciones jugando en distintas ciudades al mismo tiempo.
Tiene estadios llenos de fanáticos que hace tres semanas no sabían bien qué era un fly de sacrificio... pero que hoy gritan cada turno como si se jugara el destino nacional.
Pasó lo que pasa normalmente con los proyectos que sobreviven.
No ganan porque tenían el mejor PowerPoint.
Ganan porque resolvieron algo que la gente quería.
Y resulta que lo que la gente quiere (desde hace rato) es ver a su país ganar algo.
La pasión, al final, es el modelo de negocio más viejo y más resistente que existe.
Pero lo interesante del Clásico no es su crecimiento.
Es lo........
