México ante el “no nos quieran ver la cara”
El New York Times, por ejemplo, destacó en un texto de portada:
“Trump actuó de la forma más monárquica de su monárquico segundo periodo: él, simplemente, mandó a Estados Unidos a la guerra”.
Lo cierto es que, en apenas dos meses, se internó en Venezuela para llevarse a Maduro y, con su aliado israelí, acabó en horas con el ayatola Jameneí y parte de la jerarquía que gobierna Irán desde hace medio siglo.
Trump ha tomado decisiones de alto riesgo militar y político —otrora impensables— que, hasta ahora, le han salido bien.
Atacó a dos regímenes a los que había exigido ajustes que no fueron atendidos.
El gobierno mexicano ha sido muy cuidadoso al cuestionar la acción estadunidense contra Irán. Puede entenderse por qué.
En ese entorno, parece mejor sostener la política de cooperación, colaboración y cabeza fría, que exponerse a una escalada.
Trump aún no ha disparado contra los “cárteles terroristas” en territorio mexicano.
Por ello, acaso, convenga seguir atendiendo la máxima del secretario Marco Rubio: negociamos con quien sea necesario, pero don’t play games with us: no nos quieran ver la cara.
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