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Aire acondicionado y qué más

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El calor extremo ya no es “un verano fuerte”. Es una crisis climática en aceleración rápida, impulsada por emisiones humanas, que está convirtiendo ciudades enteras en auténticas trampas térmicas y poniendo contra las cuerdas a infraestructuras críticas.

Los científicos advierten que eventos como estos –capaces de colapsar redes eléctricas y saturar hospitales– serían prácticamente imposibles sin el impacto del cambio climático provocado por el ser humano.

Las ciudades están acumulando calor como hornos urbanos, mientras carreteras, sistemas eléctricos y servicios de emergencia trabajan al límite. Y hay un detalle aún más alarmante: las noches ya no refrescan lo suficiente, lo que impide que el cuerpo humano se recupere del estrés térmico.

El escenario está cambiando rápido: lo que antes era un evento estacional ahora se perfila como una nueva normalidad persistente. Con océanos más calientes y niveles de humedad en aumento, las próximas olas de calor podrían ser todavía más intensas.

La agricultura, la construcción, el transporte, los servicios de emergencia, los docentes y alumnos en aulas que sobrepasan los 30 grados e incluso los 40 grados, y poblaciones vulnerables están entre los más expuestos a este futuro cada vez más extremo.

Una ola de calor que paraliza países enteros durante cinco días seguidos es una anomalía, pero será la norma si las emisiones globales no........

© Deia