Fidel Castro no fue el profeta que ha inventado Frei Betto
LA HABANA.- Recientemente, durante la presentación en La Habana de su libro Premoniciones de Fidel, el clérigo brasileño Frei Betto aseguró que “no existe mejor momento para conocer la faceta profética del líder histórico de la revolución cubana”, en referencia al bloqueo energético y demás restricciones impuestas a Cuba por la administración Trump.
Según Frei Betto, “en este pequeño libro para una gran obra, los cubanos encontrarán el incentivo y las razones indispensables para unirse en torno al ideario previsor del Comandante”.
Lo dijo Frei Betto como si la presentación del libro no se realizara en medio de prolongados apagones y protestas callejeras por el rotundo fracaso de una de las iniciativas de Fidel Castro más ponderadas por sus aduladores: la Revolución Energética.
Como una especie de karma por sus serviles elogios al mito del Nostradamus tropical en el que pretende convertir a Fidel Castro, su idolatrado mesías, alguien le preguntó qué había pasado con aquella profecía donde un arrogante Fidel vaticinaba: “Habrá un antes y un después de la Revolución energética de Cuba, de la cual podrán derivarse lecciones útiles para nuestro pueblo y para los demás pueblos del mundo”.
Esa profecía, hecha por Fidel el 27 de noviembre de 2004, tras la agudización de la crisis del Sistema Electroenergético Nacional (SEN), se convirtió en una pesadilla recurrente para millones de cubanos que, desde aquel día hasta hoy, hemos sufrido períodos de frecuentes y prolongados apagones y algunos días de total oscuridad.
Nunca se cumplieron otras profecías de Fidel Castro, como cuando el dictador vaticinó que “dentro de unos años tendríamos más ganado que Suiza y solo bastaría con meter un recipiente en las aguas de la bahía de La Habana y lo sacaríamos lleno de leche”, o cuando aseguraba que “si los norteamericanos ganaban 1500 dólares al mes, los cubanos cobrarían el triple”. No, nunca se cumplieron y quedaron para los cubanos como temas de burla a la hora de desayunar o cobrar el salario.
La obsesión con la leche y otras mentiras del gobierno cubano
Frei Betto no viene a Cuba a conocer la verdad y menos a decirla. Su papel no es excomulgar al régimen, sino beatificar a su ídolo. Y en esto último no ahorra elogios ni se preocupa si lo que dice es cierto o no.
El nuevo libro de Frei Betto es otro más de la colección de manipulaciones y falsedades que intenta mantener vivo el mito de Fidel Castro. No tiene otro mérito que sumar a su autor al clan de dóciles amanuenses que, por alimentar el mito, reciben el permiso de los guardianes de la piedra en la que yacen los restos mortales del “inmortal Fidel” para venir a Cuba y mirar, desde un hotel de lujo, las ruinas de La Habana, disfrutar suculentos banquetes y decirle al cubano de a pie que las cáscaras de papas y boniatos son los mejores alimentos para saciar el hambre, combatir la desnutrición y aliviar el estrés.
Títulos como Cien horas con Fidel, de Ignacio Ramonet; Fidel, Guerrillero del Tiempo, de Katiuska Blanco; y Fidel y la Religión, del propio Frei Betto —con un nivel de manipulación tan eficiente que hasta The Washington Post elogió la “sensibilidad religiosa de Fidel”—, están escritos desde la deshonestidad del compromiso político.
Premoniciones de Fidel, presentado en diversos espacios de La Habana en el marco de los homenajes por el centenario del natalicio del dictador de Birán, ha tenido un escabroso periplo a causa de los apagones, la falta de transporte y, sobre todo, el desinterés que muestran los lectores por las historias falsas de un mito de papel. Solo han asistido a las presentaciones un grupo reducido de militantes del Partido Comunista, militares y reclutas, así como algunos ideólogos y chivatos escogidos que integran los Comités de Defensa de la Revolución (CDR).
A nadie le interesan las profecías delirantes de un líder que los condenó al hambre, la miseria y los apagones.
