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Jaque mate a los Institutos Preuniversitarios de Ciencias Exactas

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18.02.2026

LA HABANA, Cuba. – Los Institutos Preuniversitarios Vocacionales de Ciencias Exactas (IPVCE) tuvieron su génesis en la escuela Vladímir Ilich Lenin, inaugurada en La Habana el 31 de enero de 1974, con motivo de la visita a Cuba del secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética, Leonid Brezhnev. 

Se trataba de una escuela novedosa, que combinaba el estudio con el trabajo, y en la cual se cursaban las enseñanzas secundaria y preuniversitaria. Desde el principio el centro docente contó con magníficas condiciones materiales, que la distinguían del resto de las instituciones educacionales del país. 

Unos años después esa escuela (conocida como La Lenin) redujo su matrícula a los educandos que cursaban el preuniversitario, e inmediatamente comenzó a fortalecer sus contenidos en asignaturas como Matemática, Física y Química, con vistas a preparar a los alumnos talentosos en esas materias. De esa manera, los alumnos asimilarían mejor los contenidos de las asignaturas que recibirían en las universidades, además de incentivar su vocación por la actividad científica. 

Pronto los IPVCE se diseminaron por todo el país, con requisitos que los aspirantes a matricular en ellos debían cumplir, como por ejemplo haber obtenido calificación superior a 85 puntos en las asignaturas de la secundaria básica, y también mostrar simpatía por el régimen político existente en la Isla. 

Sin embargo, el paso del tiempo, con etapas muy adversas como el “Período Especial” en los años 90 y la COVID-19 más recientemente,  erosionaron el prestigio de esos centros, en los que la desidia jugó igualmente un papel importante. Sus claustros de profesores se vieron diezmados por el éxodo y la emigración de muchos docentes. Las buenas condiciones materiales de antaño son solo recuerdos, y ya buena parte de los estudiantes no ven en esas escuelas los centros ideales para su formación. 

Dos reportajes aparecidos en el periódico Juventud Rebelde, en las ediciones del 1 y el 8 de febrero pasados, dan cuenta del retroceso experimentado por los IPVCE, y de la nostalgia con que muchos alumnos que estudiaron en sus aulas recuerdan aquellos tiempos de esplendor de esas escuelas. 

No obstante, en los reportajes latía también el sentimiento de que se podía recuperar la buena marcha de esos centros, y se expresaba que, aun con los obstáculos que atravesaban, se obtenían mejores resultados docentes que los reportados por los preuniversitarios convencionales. Mientras que en estos últimos solo el 53% de los estudiantes aprobaba los tres exámenes de ingreso a la universidad, en los IPVCE la cifra se elevaba a 84%. 

Incluso, ya al final del segundo de los reportajes, un alto funcionario del Ministerio de Educación, al referirse a los IPVCE, apuntó: “El reto no es solo preservar lo alcanzado, sino actualizar el modelo a fin de que continúe siendo un espacio donde el talento juvenil encuentre oportunidades para crecer y poner su conocimiento al servicio del país”.

Pero, evidentemente, los reportajes de Juventud Rebelde habían sido redactados antes de que el castrismo anunciara el paso al “estado de guerra” para enfrentar el desabastecimiento de combustible en el país. 

Así, el 7 de febrero, el diario Granma daba a conocer la celebración de una reunión extraordinaria del Consejo de Ministros, en la cual la titular del Ministerio de Educación, Naima Ariatne Trujillo Barreto, aseveraba que “los alumnos de los IPVCE seguirían sus clases en los preuniversitarios más cercanos a sus hogares”.

Es decir, que no se cuenta con medios de transporte para trasladar a esos estudiantes a los IPVCE donde estaban matriculados. 

Esa afirmación de la ministra constituye en la práctica un anuncio del desmantelamiento de los IPVCE. Entonces aquella frase de Castro I, en el sentido de que el futuro de Cuba tendría que ser el de “hombres de ciencia”, podría ir a uno de los gigantescos basureros que se extienden por toda la nación. 


© Cubanet