¿Morir por qué patria es vivir?
MIAMI, Estados Unidos. – Ese día estuvo lloviendo con una insistencia pertinaz. Parecía que no cesaría la llovizna; primero era un levísimo chinchín; más tarde se hizo más intensa, pero nunca fue grosera: solo mojaba levemente los cuerpos de algunos que hacían tributos muy cordiales a los muertos.
La lluvia, dijeron algunos de los que estaban apostados en la avenida de Rancho Boyeros, no fue más allá del chinchín, fue solo una breve lloviznita que, para no pocos, resultaría cariñosa, tanto que hasta tenía la apariencia de una bienvenida a los muertos que cayeran lejos de sus casas, de sus familias. La llovizna fue suave, fue incluso gentil, y no faltará quien la vea, incluso, tierna.
La lluvia fue leve, solo un chinchín de bienvenida a unos jóvenes que murieron lejos de la patria, esos que quizá eran jóvenes hermosos y acabaron sin haber amado, como,........
