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La trinchera silenciosa entre el autismo y la familia

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07.04.2026

Detrás de cada niño con Trastorno del Espectro de Autismo (TEA) hay una familia que atraviesa una reorganización completa de su vida cotidiana, con costos que rara vez se miden y casi nunca se atienden con políticas específicas.

Uno de los aspectos menos visibilizados es el impacto del diagnóstico en la relación de pareja. Cuando se confirma que un hijo tiene autismo, la dinámica de los padres cambia. La energía disponible se concentra en el niño; las conversaciones se vuelven monográficas sobre terapias, horarios y trámites; el tiempo en soledad tiende a desaparecer.

La fatiga acumulada —física y emocional— se convierte en una compañera constante que no favorece la intimidad ni la comunicación en la pareja.

No se trata de una experiencia aislada. La doctora Yoysy Rondón, psicóloga del Hospital Pediátrico Borrás-Marfán en La Habana, lugar donde se gestó uno de los primeros programas integrales de atención al autismo en el país, ha documentado que la sobrecarga de los padres constituye uno de los principales factores de riesgo para la salud mental de la familia. Sin embargo, los programas de apoyo institucional rara vez incluyen terapia de pareja o espacios diseñados para que los padres también sean cuidados.

Los hermanos de niños con autismo conforman otro grupo cuyas necesidades suelen pasar desapercibidas. Crecen en un entorno donde uno de los hijos requiere más atención, tiempo y paciencia. Muchos aprenden rápido a ser independientes, a no molestar, a entender que sus padres están ocupados con el otro hermano. 

Ese desarrollo........

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