Cuba no se rinde ni colapsa
Primero de Mayo, La Habana 2026. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.
Escribo en medio de un apagón profundo, un “blackout”, como suelen decir en inglés; en medio de una caída del sistema electroenergético nacional. Aunque ya están levantadas y operando pequeñas islas de generación que contribuirán a restablecer el flujo, y las decenas de parques solares e instalaciones locales fotovoltaicas aportan pequeñas cantidades, nada es suficiente para reanimar el servicio eléctrico.
Desde diciembre, varias de las plantas térmicas generadoras, incluida la amplia red de generación distribuida alimentada con diésel, no recibe una gota de combustible. Se trabaja en las principales plantas con crudo pesado y gas natural de producción nacional, pero eso solo alcanza para generar poco más del 40 % de la demanda.
El decreto de Trump, emitido el pasado 29 de enero bajo el falaz y ridículo argumento de que amenazamos a la principal potencia planetaria, no ha hecho sino agravar el escenario: nadie le vende combustible a Cuba, nadie lo transporta, nadie lo asegura. Con tantas tensiones, las viejas termoeléctricas, sometidas además del tiempo, al desgaste que produce nuestro crudo altamente rico en azufre, fallan y el sistema se estremece y puede caer; cae. A esta hora no hay fluido en la red nacional de oriente a occidente. Tampoco hay bombeo de agua y fallan las comunicaciones al agotarse sus baterías.
Alguien desinformado o malintencionado podría preguntar si no previmos este escenario, que cruza el umbral de lo denunciable para convertirse en intolerable. Respondo que sí. De hecho, lo sufrimos parcialmente tras la caída del socialismo europeo y de la URSS. Para entonces, la sevicia imperialista no había llegado a los extremos demenciales a que ha llevado al mundo la camarilla imperialista empresarial, globalizada y neofascista que gobierna a los Estados Unidos. También se pregunta si es porque no podemos importar petróleo venezolano. Les recuerdo que en aquellos años noventa aprendimos a no poner nunca más los huevos en la misma canasta.
Compramos combustible a decenas de países, de todos los continentes, mayormente a Venezuela, debido a un convenio de cooperación para intercambiar servicios de salud por energía. A los demás, pagamos precios de riesgo, seguros de riesgo y contratamos a navieras de riesgo, porque no queremos ser rehenes de un único mercado, y porque nadie quiere sufrir las consecuencias de las medidas coercitivas unilaterales y multas que impone Estados Unidos a quien comercie libremente con Cuba. La injusta y políticamente motivada designación de nuestro país como “Estado patrocinador del terrorismo” determina esta situación.
Hay quienes culpan también al Estado y a las empresas cubanas por no honrar sus compromisos financieros. Sin embargo, no ven, o no quieren ver, cómo se persiguen las fuentes de ingresos rápidos a la economía, como el turismo, que permitirían acumular la riqueza que salde las deudas. Durante años varios gobiernos estadounidenses y los grupos anticubanos de la Florida emplearon toda suerte de recursos para descalificar y sabotear el turismo internacional en la isla y las inversiones extranjeras en el sector.
Desde amenazas y persecución contra empresas —la española Meliá hoteles fue una de las victimas—, presiones a las líneas aéreas para cortar sus rutas a Cuba —de lo que Aerolíneas Argentinas y las empresas proveedoras de combustible en Ezeiza negadas a vender combustible a Cubana de Aviación son un ejemplo—, hasta el financiamiento de campañas de descrédito y actos terroristas contra esa industria, sus instalaciones y sus huéspedes.
Lo anterior, en lo argumentativo. En lo humano, por solo poner de ejemplo al sector de la salud, 96 387 pacientes, de los cuales 11 193 son niños, integran una lista de espera quirúrgica que se incrementa por la coyuntura energética.
32 000 mujeres embarazadas enfrentan el desafío de su seguimiento. 30 000 niños que deben recibir vacunas específicas, disponibles en nuestros almacenes, corren riesgo de no recibirlas por falta de combustible para transportarlas. 16 000 pacientes de radioterapia y otros 2 888 dependientes de hemodiálisis ven amenazada su atención por la inestabilidad energética a pesar de los esfuerzos por dotar a estos servicios de nuevos recursos tecnológicos, instalaciones renovadas y medios de transportación eléctricos.
El bloqueo no solo limita la economía: busca provocar hambre, desesperación y descontento para erosionar el apoyo interno al proyecto político cubano.
También son perseguidas las brigadas médicas cubanas que durante 65 años han llevado salud a 165 países del mundo, salvado la vida de millones de seres humanos —por citar un área, han devuelto la vista a más de 3 millones—.
Cuba ha hecho eso básicamente por solidaridad y, en los últimos años, ante la reducción de los recursos financieros, mediante contratos de servicios. Los recursos que se colectan se distribuyen en parte al colaborador —que mantiene en Cuba su salario y demás garantías sociales y prestaciones sociales— y en parte ingresan al presupuesto para financiar el sector de la salud.
Un ejemplo de ello fueron los ingresos derivados de la participación de los profesionales de la salud cubanos en el programa Más médicos, en Brasil, durante la pasada década. Gracias a sus aportes se rehabilitaron en Cuba los programas nacionales del cáncer y cardiovascular —las dos principales causas de muerte—, adquiriéndose costosos equipos necesarios; fueron reparados y rehabilitados 57 hospitales, incluidas las condiciones de vida y trabajo de médicos, técnicos y enfermeros, así como cientos de policlínicos y pequeñas unidades de salud.
Como Estados Unidos persigue destruir, entre otras cosas, al aún poderoso sistema sanitario cubano que ha sido una innegable conquista de la revolución socialista, el gobierno cubano es acusado de practicar el “tráfico humano” y los médicos son........
