Historias de Alejandro
Katiuska Blanco. Foto: Centro Fidel Castro Ruz.
Artículo escrito a partir de la transcripción de la conferencia magistral impartida por la escritora y periodista cubana, Katiuska Blanco Castiñeira, el 14 de enero del 2026 en el espacio Cátedra de Estudios Históricos del Centro Fidel Castro Ruz, que durante todo el 2026 estará recordando la vida y obra del Comandante en Jefe en el año de su Centenario.
Muchísimas gracias por la invitación, por el honor de estar aquí en el Centro Fidel, espacio, para mí sagrado, dedicado al recuerdo y estudio del Comandante, pero también el lugar de mis colegas, de las compañeras y compañeros que aquí laboran. Hoy mismo, el jardinero, cuando le voy a dar un beso, me dice: “Katiuska estoy sucio”, y le respondí: “No, estás lleno de flores, hojas, semillas, naturaleza, estás muy limpio”. Entonces, los quiero a todos.
Hoy, 14 de enero, día previo al arribo a Cuba de los restos mortales de los compañeros que dieron el ejemplo más sublime y el homenaje más extraordinario que se le pueda dar a Fidel en su Centenario: ofrendar la vida en lucha contra el imperialismo, debemos rendirles tributo. Los conocía, especialmente a los del Ministerio del Interior, a casi todos, algunos de ellos cercanos a mí. Les tendremos que estar agradecidos eternamente, por su combate defendiendo a Venezuela el 3 de enero, pero también a Cuba, a nuestra América. A algunos de ellos, también por haber estado muy cerca, durante largos años y cuidando a Fidel. No podía comenzar a hablarles a ustedes sin mencionarlos y recordarlos a ellos, mártires de nuestra patria.
Aunque la conferencia se titula Fidel 1926-1945, voy a empezar por 1945 y les explico por qué, porque en el verano de 1945 Fidel estaba de vacaciones en Santiago de Cuba y, ¿qué noticia lo estremece?, siente que es un acto repudiable y marca su vida desde entonces, en su pensamiento, emociones y conocimiento, en su visión del mundo hasta ese momento, me refiero al lanzamiento el 6 de agosto de 1945 de la bomba atómica contra Hiroshima y poco después, también contra Nagasaki.
Transcurridas varias décadas desde aquel acto abominable, Fidel fue muy crítico de la postura del presidente de Estados Unidos Barack Obama cuando visitó Hiroshima; allí Obama dijo que la muerte había caído del cielo. Ni siquiera una mínima alusión a una disculpa; en su lugar, lo que prevaleció fue una justificación del bombardeo a civiles inocentes en un instante cuando ya la guerra terminaba y el imperio de Japón se encontraba vencido.
Entonces empecemos por la definición de Fidel, lo he reiterado en múltiples ocasiones a varios compañeros, para mí es un genio político revolucionario de dimensión universal, y digo esto porque revolucionarios somos todos nosotros y no tenemos las características del Comandante, y digo esto porque hay muchos políticos que no son revolucionarios y otros son políticos revolucionarios, pero no alcanzan la estatura, el nivel superior de erudición, sagacidad, lucidez táctica y estratégica al que llega en los discernimientos y la práctica, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz a lo largo, no solo de sus primeros años de juventud, sino de toda su vida y no solo de toda su vida, sino de lo que Fidel será. Él es una figura trascendente, se ubica entre los grandes de la historia universal. Él dijo una vez de José Martí –en estos días lo publiqué– que era un árbol que crece. Fidel es un árbol que crece.
Soy una convencida de que, aun quienes lo conocimos de cerca, muchos no tenemos todavía, la dimensión exacta, la dimensión extraordinariamente amplia, multidimensional, radical y profunda del hombre y genio político que fue Fidel. Por cierto, así definía él a Carlos Marx: “además de filósofo, cae en la categoría del genio político y como tal su papel dependió por entero de la época y el escenario en que vivió” (1).
Fidel, a partir de ese momento de 1945, tomando un punto nada más de la historia dentro de su propia vida, pudiéramos definirlo como un antimperialista, como un antibelicista, antifascista, un anticolonialista, como un latinoamericanista y no se nos olvide nunca, además, un resuelto antirracista. Esos posicionamientos: antifascista, antimperialista, anticolonialista, antirracista, latinoamericanista y caribeño, tienen una explicación en todo ese período que va de 1926 a 1945, tan vital en su existencia.
En 1926, todos sabemos que el 13 de agosto, a las dos de la madrugada, nació el niño Fidel Alejandro Castro Ruz. Quiero hacer una aclaración. Se cuestiona que, si le pusieron Fidel Alejandro, si lo inscribieron en 1943 como Fidel Alejandro, ¿podemos decir que nació Fidel Alejandro? Sí, porque en términos jurídicos, la inscripción valedera es la última. En esa época las inscripciones se hacían al paso de los días, a veces de los meses y otras, de los años. En las inscripciones, por ejemplo, en el Acta de Bautismo, cuyo original pude revisar en 1997, junto a Angelita Castro Ruz, la hermana mayor del Comandante, en los archivos parroquiales de la Santa Basílica Metropolitana de Nuestra Señora de la Asunción de la ciudad de Santiago de Cuba, en tal documento aparece con el nombre de Fidel Hipólito. Y en una inscripción posterior como Fidel Casiano, en la del 1938. En las de 1941 y 1943, definitivamente, aparece ya con el nombre de Fidel Alejandro. Incluso, cuando estábamos preparando en el grupo de trabajo para la creación de esta institución, las denominaciones de las salas y espacios del Centro Fidel, alguien habló de ponerle a la editorial Ediciones Alejandro. Y hubo polémica en el grupo de trabajo. Y yo decía, pero ¿cómo va a haber polémica? Si Alejandro fue el nombre que él escogió. Era la denominación apropiada, todos llevamos un nombre que nos escogieron, pero nunca o casi nunca el nombre escogido por nosotros mismos. Pero, además, no hay nada más cercano o relacionado a una editorial y a la literatura que la pasión de Fidel por las grandes obras de la historia y la literatura, entre estas, precisamente Aléxandros, la vida de Alejandro Magno, escrita por Valerio Massimo Manfredi, con quien Fidel pudo conversar una vez, según recuerda el destacado intelectual cubano, profesor Omar González, y en cuya charla Fidel dio muestras de un vasto conocimiento acerca de Alejandro y sus batallas. Desde su adolescencia y juventud, pasados los años, había ya sometido a crítica a tal figura histórica; terminó considerándolo inferior a Napoleón, porque Alejandro “celoso de toda sombra a su gloria personal fraguó la muerte de algunos de sus mejores hombres como Pilotas, jefe de la caballería macedónica y después el [del] padre de éste, Parmenión, su mejor general, a quien debía tantas victorias…” (2).
A Fidel le fascinaban los relatos de antiguos guerreros y la Historia Sagrada, esta última dictada en los colegios religiosos: pasajes bíblicos, vidas de santos, leyendas, mitos, guerras.
Fidel, al referirse al momento cuando está a punto de entrar en la Universidad de La Habana, en 1945, afirma en reiteradas ocasiones que entonces era un analfabeto político. Y yo lo interpreto, fíjense, hago una distinción en esa definición que él mismo se da, para tal fecha lo era en el sentido que él está expresándose, en el del conocimiento y comprensión de las leyes de la historia, de las leyes que rigen la sociedad humana, pero no porque fuera alguien ajeno a los desarrollos de los procesos históricos y políticos en el mundo.
Y la guerra es uno esencial. Fidel, desde los nueve, diez años, está al tanto de los acontecimientos por cuestiones relacionadas con la vida en su casa, la presencia de los españoles amigos de su papá, su padre, don Ángel María Bautista Castro Argiz, nacido en 1875, un 4 de diciembre… siempre reitero ese es un día como de ciclo que se cierra, porque a Fidel lo inhuman en el cementerio de Santiago de Cuba, en Santa Ifigenia, un 4 de diciembre de 2016. Entonces, se trata de destinos de vida, de la historia que, a veces por coincidencia, por casualidades o azares, trae también, como decía Lezama Lima de las palabras, su desgaste. Los hechos traen su confluencia como de las estrellas.
Entonces, Fidel siempre reitera que, en 1945, cuando ingresa al recinto universitario no tenía conocimientos políticos, pero realmente él está desde los nueve, diez años, muy al tanto, por ejemplo, de la guerra chino-japonesa, muy desconocida hoy por el enfoque o visión euro-occidental, euro-centrista, conferido al desarrollo de la historia. Nunca se habla de la guerra chino-japonesa cuando se fecha el comienzo de la Segunda Guerra Mundial en el 1939 y se obvia que ya la guerra andaba en curso en el mundo, desde 1935, con la guerra chino-japonesa, o con la invasión a Abisinia por los italianos –Fidel siguió esa guerra con mucha atención– y en especial con la guerra civil española de 1936 –un nombre eufemístico, por cierto–, de la cual Fidel se aprendió los nombres de las batallas, los acontecimientos, los sucesos, estaba al tanto con, pudiéramos decir, desvelo, porque él simpatizaba con un gallego cocinero de la casa. Hubo una época cuando se decía que el cocinero se llamaba Antonio García, pero Raúl asevera que se llamaba Manuel García, como el “rey de los campos de Cuba”, un proscrito de la ley muy famoso en Cuba en otro tiempo, y a él nunca se le olvida por tal razón que el gallego, cocinero en la casa, se llamaba así: Manuel García. Y entonces, en esa etapa, Fidel, fíjense, muchos años después, en un libro titulado Conversaciones en La Habana, fruto de una entrevista concedida al periodista gallego Alfredo Conde, Fidel explica que en Birán llaman su atención las discusiones en torno a la guerra civil española.
Todo esto lleva a Fidel a ser un antibelicista primero, luego un antimperialista y un antifascista también, porque son los primeros hechos ante los cuales, él registra en su memoria, de alguna manera, una visión del drama, de la tragedia, de lo estremecedor e injusto.
Con el paso de los años, por supuesto, primero no tiene tanta conciencia, luego es que la alcanza, pero cuando la alcanza, hay toda una vida vivida, hay toda una serie de hechos definidos como la palpitante realidad vivida, y los cita o menciona para hablar de la economía cubana, de las injustas relaciones sociales imperantes, en relación con su posición a favor de la paz, y al referirse a su inmediata comprensión cuando leyó por primera vez el Manifiesto Comunista. Fidel dice que lo pudo comprender todo rápidamente por lo vivido, por ejemplo, en Birán, donde las relaciones sociales y el orden económico y político establecidos allí –a imagen y semejanza del prevalente en los campos de todo el país– le permitieron a él tener una rápida y precisa comprensión de muchos de los aspectos explicados en el Manifiesto, o en la literatura política y la teoría marxista y leninista en general.
Durante esa guerra, la de 1936, Fidel expresa en el libro mencionado, Conversaciones en La Habana, que le llama mucho la atención la posición del cocinero. Le decían bruto, le decían así al hombre con menor preparación teórica, y, sin embargo, Fidel apunta su clarividencia, su lucidez, al adoptar la posición política más avanzada. El hombre con menor conocimiento teórico o académico era el más lúcido de todos por la vida vivida. Disponía de una comprensión de los acontecimientos dada su posición de clase.
Fidel lo reitera después, al principio de la Revolución, cuando habla del pueblo de Cuba. Asegura que pasó la mejor escuela, la escuela del sufrimiento, del colonialismo, del neocolonialismo, del hambre, del atropello. Enumera todo el recorrido como asuntos que no se pueden desconocer a la hora de analizar las posiciones políticas de las personas, su radicalidad, participación y protagonismo en los acontecimientos históricos.
En la madrugada del 13 de agosto de 1926 nace Fidel. Una madrugada, en el Palacio de la Revolución, me llama frente a los primeros secretarios del Partido de todos los municipios de la ciudad de La Habana, y me pregunta, “bueno, por fin, que diga la historiadora ahora, ¿cuándo fue que nací yo?” Comienzo a explicar que, en la inscripción de nacimiento, en la original, el cura se confunde y pone las 12 de la mañana. Me dice: “¡Qué va! No fue a esa hora. Yo nací guerrillero, nací a las dos de la mañana”. (3)
No había terminado de explicar que, evidentemente, incluso lingüísticamente, por lo acostumbrado entre nosotros, nunca se dice las doce de la mañana, sino las dos de la mañana o las doce del día, se trataba, evidentemente, de un error del escribano. Todos los testimonios familiares coinciden en la hora del nacimiento durante la madrugada. Por esa razón examino cuantos documentos pueda buscar, desde el punto de vista de la investigación histórica, y luego, también me alejo de ellos.
Siempre apelo a los métodos de investigación, de contrastación de fuentes, de búsqueda de documentos históricos: bautismales, de propiedad, mercantiles, certificaciones de nacimiento y defunción, fotografías, diarios, testimonios, libros de pasajeros y registros archivísticos, monografías y títulos referidos al contexto histórico, a las relaciones también económico-político-sociales, novelas de ficción, así como otras referencias, pudiéramos decir, de carácter antropológico. Sin los cuales no se puede entender la vida de una persona, desde el punto de vista marxista y leninista, del materialismo histórico, que argumenta que los seres humanos son el fruto de su tiempo, de su época, y no se les puede vislumbrar, analizar, interpretar ni comprender aislados. Hay que verlos en medio de la vorágine de los tiempos que los marcan y trascienden, en su “dintorno”, diría Juan Marinello. Ahora bien, los documentos pueden contener errores, por lo cual, el estudio debe ser siempre integral, contrastar fuentes, testimonios, imágenes, remembranzas, escrituras, análisis. Y, además, ni siquiera así, en mi opinión, son suficientes, no agotan la necesidad de conocimiento y comprensión, por ejemplo, en el plano de los sentimientos, las emociones, pensamientos, recuerdos… los papeles no siempre contienen tal valiosa información. Un documento no registra cómo le brillan los ojos a una persona cuando lo firma o si, por el contrario, se siente triste.
No hay que olvidar que Fidel siempre consideró a los héroes o figuras descollantes de la historia como resultado de una época; al responder sobre si Roman Rolland hubiera sido igualmente genio de haber nacido en el siglo XVII hizo una distinción entre el genio literario, filosófico o artístico: “tiene un campo considerablemente más amplio en el tiempo y en la historia que el mundo de la realidad y de la acción, que es el único escenario donde surgen los genios políticos” (4). Todo lo explicó Fidel muy bien en una carta del 27 de enero de 1954, dirigida a la revolucionaria Natalia Revuelta, aparece en un libro inédito de Giangiacomo Feltrinelli titulado Fidel Castro: Diez Años de Guerra y Revolución.
En tal misiva precisa:
El pensamiento humano está indefectiblemente condicionado por las circunstancias de la época. Si se trata de un genio político, me atrevo a afirmar que depende exclusivamente de ella. Lenin en época de Catalina, cuando la aristocracia era la clase dominante, habría podido ser un esforzado defensor de la burguesía, que era entonces la clase revolucionaria, o pasar simplemente ignorado por la historia; Martí, de haber vivido cuando la toma de La Habana por los ingleses, hubiera defendido junto a su padre el pabellón de España; Napoleón, Mirabeaux, Danton y Robespierre, ¿qué habrían sido en los tiempos de Carlo Magno sino siervos humildes de la gleba o moradores ignorados de algún castillo feudal? (5)
El pensamiento humano está indefectiblemente condicionado por las circunstancias de la época. Si se trata de un genio político, me atrevo a afirmar que depende exclusivamente de ella. Lenin en época de Catalina, cuando la aristocracia era la clase dominante, habría podido ser un esforzado defensor de la burguesía, que era entonces la clase revolucionaria, o pasar simplemente ignorado por la historia; Martí, de haber vivido cuando la toma de La Habana por los ingleses, hubiera defendido junto a su padre el pabellón de España; Napoleón, Mirabeaux, Danton y Robespierre, ¿qué habrían sido en los tiempos de Carlo Magno sino siervos humildes de la gleba o moradores ignorados de algún castillo feudal? (5)
Él realiza con sus palabras –expresión de lo que medita despaciosamente mientras escribe– un análisis comparado que incluye hechos, procesos y personalidades en uno u otro contexto.
El cruce del Rubicón por Julio César jamás habría tenido lugar en los primeros años de la República antes de que se agudizara la intensa pugna de clases que conmovió a Roma y se desarrollara el gran partido plebeyo cuya situación hizo necesario y posible su acceso al poder. Julio César fue un verdadero revolucionario, como lo fue también Catalina (…). (6)
Al comentar que Amyot, escritor francés del siglo XVI, había traducido del latín las Vidas y Obras Morales de Plutarco, y ello había propiciado que dos siglos más tarde los grandes hombres y las grandes escenas de Grecia y Roma sirvieran de referencia a los protagonistas de la Gran Revolución, asegura:
Eso no fue óbice para que los revolucionarios franceses anatematizaran a César y endiosaran a Bruto que clavó en el corazón de aquel el puñal de la aristocracia. Ellos, que habían abatido la de Francia carecían aún de perspectiva histórica suficiente para comprender que la República en Roma era la Monarquía en Francia; que la plebe luchó contra aquella, igual que luchaba la burguesía contra esta; muy lejos estaban pues de sospechar que un nuevo César [se refiere a Napoleón] estaba a punto de surgir en las Galias y este sí que copió de veras y con razón al Emperador Romano. (7)
Es importante entonces lo definido por Fidel como “tener perspectiva histórica”. Así hay que aproximársele a él, a los acontecimientos de su vida, a sus ideas y realizaciones, de todo lo cual se derivan valiosas enseñanzas. Lo escrito por Fidel al abordar las vidas de seres ilustres, vale también para él. La concepción de que los héroes, los guerreros, las personalidades, los genios políticos de la historia deben su destaque o preminencia a la época, es la misma manera con la cual él interpreta su vida, así reflexiona de sí mismo, lo que constituye base razonada de su natural modestia, de su sencillez. No atribuye para sí el mérito, sino a los tiempos, las circunstancias e incluso, en algunos aspectos, al azar.
Bueno, en el gallego Manuel García, a Fidel lo impresiona su lucidez, y se la explica pensando en lo que aquel hombre humilde ha aprendido de lo vivido. Es la razón por la cual, la etapa de 1926 a 1945 tiene tanto valor en la vida de Fidel. ¿Por qué? Porque buena parte del perfil de Fidel, de los valores, sentimientos e ideas que lo identifican y determinan su vida, tienen su explicación en tal período. En tal época histórica radican la esencia y los orígenes de su existencia, de sus luchas.
Si usted lee las escrituras de posesión de tierras y sobre las características del territorio donde nace Fidel el 13 de agosto de 1926, pronto harán 100 años -aparecen en el capítulo “Escenario” en el libro Todo el tiempo de los Cedros-, salta a la vista la presencia de numerosas empresas y posesiones extranjeras en nuestro territorio, la dependencia neocolonial, el carácter monoproductor, monoexportador y atrasado tecnológicamente de la agricultura o la inexistencia de una estructura de protección o desarrollo social de la población cubana, por ejemplo. En Alto Cedro se encuentra el paradero de la Cuban Rail Road Company, por allí sale Fidel al mundo, digo yo, de aquella estación parte en viaje a la capital para ir a estudiar al Colegio de Belén, en 1942. En esa zona opera la Altamira Sugar Company, propietaria de la única institución de salud medianamente próxima a Birán, y de centrales azucareros en Alto Cedro y Marcané. La Nipe Bay Company tiene ferrocarril particular........
