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Disnea

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30.03.2026

Imagen generada con IA.

Hace un tiempo sufro una extraña sensación de ahogo, ocurre en diferentes momentos del día, puedo estar sentado informándome, concentrado y trabajando en alguna cuestión particular o contemplando la nada. Aparece suavemente, como pidiendo permiso, sin embargo, se apodera irremediablemente de mi pecho y me impide respirar con normalidad, pareciera como si no me alcanzara el oxígeno que a mi cuerpo ingresa, o como si, a pesar de saciar las necesidades fisiológicas del elemento vital, no fuera suficiente.

Enero fue el inicio, estupefacto ante la certeza de que una nación del mundo podría arremeter sin sentencia previa por sobre las estructuras formales de otro y hacer lo que creía necesario según su entender, para dar respuesta a resolver situaciones que consideraba requerían tal feroz intervención (con más de cien seres humanos fallecidos en la contienda). Lo difuso del discurso no me permitía obtener certeza objetiva de las causas, en el caso que existiera alguna capaz de habilitar tal acción. Cierto es que no era la primera vez que sucedía, yo mismo he vivido dos años en un país del caribe en que un día ingresó un helicóptero al palacio presidencial (que yo conocí en ruinas por el terremoto) y se llevó a su presidente, casualmente estuve presente a su regreso 20 años después, luego de un largo exilio, recibido por multitudes que nunca olvidaron su prédica y sus esfuerzos por conducir al desarrollo de su nación.

Los intentos por saciar la sed de información ocasionaron mis primeras experiencias con esta extraña sensación, sentía además una irrefrenable necesidad de permanecer conectado ante la inminencia de nuevas noticias, de algunas certezas que permitieran clarificar un escenario tan complejo. También buscaba reacciones contundentes que impidieran que pudiera suceder nuevamente algo tan grave como que una nación o mejor dicho sus gobernantes, arremetieran contra otro para defender intereses propios, disfrazado de lo que sea.

Pero, al igual que nos ha sucedido cuando el fascismo se hizo corriente, no hubo contundencia, como civilización no tuvimos las herramientas para marcar el límite a ese grave precedente. En cierto modo, mi extraña sensación tenía que ver con no encontrar una manera de ser parte de algo mayor que exprese tal posición de rechazo, los representantes de mi país expresaban exultantes los diversos (vacíos, inconsistentes, comprensibles o banales) argumentos esgrimidos, las voces que representaban algo tan claro y contundente como la defensa del sistema de gobernanza global vigente desde el fin de la Segunda Guerra Mundial eran sutil y no tan sutilmente acalladas o rebajadas o teñidas de apreciaciones negativas.

Se trataba de una situación en cierto modo ajena a mis experiencias personales, quiero decir, no........

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