La ciencia y la economía cubana: En el umbral del 2026
Fidel Castro: “¡Y el futuro tendrán que construirlo los héroes de la ciencia!”
En el Año del Centenario de Martí (1953) la juventud cubana asaltó el Cuartel Moncada. ¿Cuál es la batalla que tenemos que dar (y ganar) hoy en el año del Centenario de Fidel?
Hay muchos frentes de combate abiertos, y no debemos pecar del reduccionismo propio de las ciencias naturales para tratar de simplificar el análisis y llevarlo a un solo tema que lo explique todo. Pero sin dudas uno de los grandes temas del momento es este de LA CIENCIA Y LA ECONOMIA, en especial la interacción entre ambas.
El proyecto de país que diseñaron Martí y Fidel, apegado a la soberanía nacional y a la justicia social, exige hoy en el siglo XXI un nivel de desempeño de la economía que no es el que estamos logrando. No estoy descubriendo nada: se dijo así hace unas semanas, en el Pleno del Comité Central del Partido, y en la Asamblea Nacional del Poder Popular.
En la tarea específica de las relaciones entre la Ciencia y la Economía, nos hemos dotado en los últimos meses de una base jurídica para las transformaciones necesarias. Ahí están, y no deben estar en los archivos sino en nuestras manos trabajadoras, la Ley General de Ciencia, Tecnología e Innovación aprobada en diciembre por la Asamblea Nacional, el Decreto de las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas Estatales de Base Tecnológica, el Decreto 114 sobre los Parques Científicos y Tecnológicos, el Decreto 120 sobre las Empresas de Alta Tecnología y otras piezas importantes y recientes de legislación. Estos instrumentos jurídicos tienen en común la insistencia en el rol de fomento (no solo de regulación) de las leyes, y la atención a las relaciones de la ciencia con el sistema empresarial, y el protagonismo de la empresa estatal socialista en esas relaciones.
Conozco que hay compañeros que piensan que quizás no es el momento para tal esfuerzo legislativo en temas de la ciencia, que tenemos otras urgencias mayores, la producción de alimentos, la crisis energética, el abastecimiento de medicamentos y otras. En muchos casos son compañeros esforzados, que están dejando la vida en las urgencias cotidianas y que merecen todo nuestro respeto, pero en aras de ese mismo respeto hay que decirles que en este tema están equivocados. La economía mundial es cada vez más global e interconectada, y esa conexión no podemos construirla solamente atendiendo la demanda doméstica, ni siquiera las exportaciones de productos y servicios primarios. Es en los productos y servicios de tecnología avanzada donde puede estar el “valor agregado” que es finalmente el que financia la inversión en servicios sociales y el nivel de vida de la población. Necesitamos ese ordenamiento jurídico que nos impulse y nos guie por el camino de la “economía del conocimiento”,
Pero también sabemos que “las buenas leyes” son solamente la mitad del camino. Después viene la interpretación y la implementación consecuente, y eso depende del proceso más complejo de construir cultura sobre las conexiones de la ciencia con la economía, y de tener los cuadros con la voluntad, los conocimientos y el liderazgo necesarios para hacer lo que las leyes dicen.
El tema requiere pensamiento y construcción de consenso, porque las estrategias que puedan llevar a un país pequeño y asediado a acceder al desarrollo tecnológico y económico no están escritas ni validadas en ninguna parte; y tampoco cuentan con referentes históricos válidos. En la era de la Globalización de la economía y la Cuarta Revolución Industrial estas estrategias ya no pueden ser las de grandes y extensivas inversiones estatales en tecnologías de la segunda revolución que implementó la URSS en los años 50s, ni tampoco las de la industrialización sustitutiva que promovió la CEPAL en los 60s, ni mucho menos las de la globalización neoliberal en manos de las corporaciones multinacionales depredadoras que derivaron del Consenso de Washington en los 90s.
Necesitaremos un pensamiento muy creativo, y el pueblo cubano tiene talento y cultura para eso.
Debemos empezar por liberarnos de algunos esquemas mentales y lenguajes que se han popularizado en los últimos años y que frecuentemente nos nublan el pensamiento. El primero es el de la “coyuntura”.
Se repite una y otra vez “la coyuntura actual”, las complejidades del “momento actual”, “las dificultades por las que atravesamos” y expresiones similares.
Expresan una........
