Vivir a costa de los migrantes
El concepto de “prioridad nacional”, gestado en Francia en la década de 1980, ha llegado a España de la mano de Vox, que, poco original, vuelve a importar propuestas de Agrupación Nacional, su espejo francés. Varias décadas más tarde, se propone aquí como una forma de gestionar el malestar y las inseguridades de las poblaciones en momentos de inestabilidad. El mecanismo activa un “nosotros” que se encuentra amenazado por los de fuera, unos “ellos” que consumen recursos y se “aprovechan del sistema”.
Poco hay aquí de novedoso. La utilidad política de estos marcos se puede retrotraer al fascismo histórico, donde se trataba de contener las tensiones sociales –en esos años, la posibilidad de revolución– traduciéndolas en un conflicto étnico o cultural. Hoy la revolución no está a la vista, pero la contienda por los recursos sigue, aunque no ocupe ya el centro de la política. La desafección con la democracia aumenta y la ficción de que los migrantes vienen a asaltarnos opera aquí para suturar estas fracturas. Se trata de una imagen poderosa y parece funcionar. En un reciente estudio, los encuestados identificaron la brecha política como la que produce mayor división en el país, seguida por la división entre población inmigrante y autóctona –28,6 %–, por delante incluso de la brecha entre clases sociales –23,6 %–.
¿Estamos dispuestos a reconocer que, en no pocos ámbitos, vivimos mejor porque otros viven peor?
¿Estamos dispuestos a reconocer que, en no pocos ámbitos, vivimos mejor porque otros viven peor?
La obra ha empezado hace tiempo y el ruido nacionalista del escenario no nos deja ver que en el patio de butacas se desarrolla el verdadero drama: la prosperidad relativa de muchos hogares de clase media y su acceso a determinados servicios descansan, en buena medida, sobre la subordinación de los migrantes de clase trabajadora. ¿Estamos dispuestos a reconocer que, en no pocos ámbitos, vivimos mejor porque otros viven peor?
La población que apuntala el sistema
La discusión pública gira con frecuencia en torno a si los extranjeros saturan lo público. Mucho menos habitual resulta preguntarse en qué medida el sistema se sostiene sobre ellos.
Se ha hablado ya bastante de cómo son necesarios para que la población española no descienda, debido a las bajas tasas de natalidad; es decir, no se genere una crisis económica. Más del 70 % del crecimiento de la población en edad de trabajar desde 2018 se debe a la población extranjera, que también es más joven, según datos del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. En un país con una pirámide demográfica invertida, esas cotizaciones sustentan, no las pensiones futuras, sino las de hoy. ¿Por qué esto supone extracción de rentas de la migración o más bien de la división internacional del trabajo? Primero porque los trabajadores que migran lo hacen en su mayoría en edad de trabajar; en otras palabras, los costes de su formación como mano de obra –educativos y de cuidados– han sido asumidos por sus países de origen, y por otras mujeres. También porque son jóvenes, no usan tanto los servicios sanitarios y acceden más........
