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“Ningún país podría funcionar con un bloqueo como este”

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06.08.2026

En los últimos meses he hablado con cierta frecuencia a través de mensajería instantánea con una amiga socióloga cubana que vive ahora en Ciudad de México, donde es profesora de la UNAM. Le pregunto cómo se encuentra su madre en La Habana y cómo ve ella la situación desde la lejanía. Le comento que me gustaría hablar con alguien que viva en la isla. Sospecho que la información a la que tenemos acceso desde aquí, muy dosificada, ciertamente escasa, puede adolecer de un eurocentrismo que llevamos incrustado en la mirada al hablar de Latinoamérica, en general, y de Cuba, en particular. Me interesa lo que las cubanas y cubanos puedan contar sobre sí mismos. Mi amiga me pone en contacto con Zaida Capote Cruz. 

Zaida Capote es doctora en Ciencias Filológicas (Universidad de La Habana, 2003) y especialista en Estudios de la Mujer (El Colegio de México, 1992). Trabaja como investigadora titular en el Instituto de Literatura y Lingüística José Antonio Portuondo Valdor, donde coordina la Cátedra Gertrudis Gómez de Avellaneda, especializada en Literatura y feminismo. Recientemente, ha sido nombrada miembro de número de la Academia Cubana de la Lengua, donde, averiguo, hay paridad de hombres y mujeres. 

Hablamos a través de correo electrónico y mensajería instantánea durante unas cuantas semanas. Nuestra comunicación algunos días se interrumpe por los apagones. “¡Hoy a las 3am vino la luz!”, me informa un día. Otros días soy yo quien sufre, en cierto modo, algún que otro apagón de salud. “Ya tenemos luz, tras la novena desconexión del sistema electroenergético nacional (SEN)”, me dice muy recientemente. Zaida y yo conversamos sobre Cuba, sobre feminismo, sobre la lengua. A continuación podéis leer algunos fragmentos de nuestra conversación.

¿Cuál es tu tarea en la Academia Cubana de la Lengua?

Mi reciente ingreso en la Academia Cubana de la Lengua me ha puesto ya más de una vez frente a esa interrogante. A quienes integramos la Academia nos toca describir e intentar comprender y difundir los procesos históricos y los actualmente en curso en el devenir del habla cubana (los registros diacrónicos y sincrónicos a los cuales se refieren los lingüistas), rastrear sus huellas en obras literarias y textos de distinta filiación. Como escritora, mi entrada en la corporación no cambia demasiado mi labor previa: suelo dedicarme al estudio de la literatura latinoamericana y más específicamente al de la literatura cubana, pues trabajo desde hace más de treinta años en el Instituto de Literatura y Lingüística José Antonio Portuondo Valdor, en La Habana, que ha producido diccionarios e historias de la literatura cubana, un atlas lingüístico de Cuba y muchos otros resultados de investigación de mucha utilidad didáctica.

Te he oído hablar en alguna ocasión acerca de la lengua como un organismo vivo y decir que la lengua es impura por naturaleza. 

Nuestra lengua es, al mismo tiempo, patrimonio y testimonio

Nuestra lengua es, al mismo tiempo, patrimonio y testimonio

Suelo repetir que nuestra lengua es, al mismo tiempo, patrimonio y testimonio. Es un legado digno de conservarse, estudiarse, conocerse, y es también un testimonio del uso presente en espacios de creación cotidiana. Es un organismo vivo, sí, cambiante, imposible de apresar en un retrato estático, con una dinámica propia, perceptible en el intercambio oral y en los textos escritos. Intentar sujetarla, aherrojarla con normas estáticas, es tarea vana. Lo ideal siempre será la escucha atenta de sus cambios, las señales que va dándonos y la mirada desprejuiciada de gestos lingüísticos que pueden parecernos ajenos y, sin embargo, con un poquito de atención se nos revelan cercanos e incluso propios. 

Enaltecer los valores de la lengua literaria cubana me parece fundamental. Nos toca honrar, mediante la divulgación y la discusión crítica, el legado de las llamadas autoridades de la lengua, fruto del talento y modelo de uso del idioma español en Cuba, ese “español de Cuba” cuyas características dibujan un perfil único en el concierto hispanohablante. 

Trabajo, como te decía, desde hace más de treinta años, en la investigación literaria. No he desarrollado estudios lingüísticos propiamente dichos, salvo alguna charla que di en mi juventud sobre sexismo en el lenguaje, más alentada por mi entusiasmo militante que por un estudio dedicado. En cambio, sí he investigado durante varias décadas el curso histórico de la literatura cubana. Además de mis libros, me enorgullece haber participado en la redacción de la Historia de la literatura cubana (2008), dirigido el Diccionario de obras cubanas de ensayo y crítica (2013, 2018), editado un índice sobre El ensayo y la crítica literarios de la diáspora cubana (2023) y realizado una edición crítica de Jardín. Novela lírica (2015), de Dulce María Loynaz. Son mis trabajos de investigación más canónicos, digamos. He escrito además textos específicos sobre autores cubanos, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Alejo Carpentier, Dulce María Loynaz, Ofelia Rodríguez Acosta, entre otros, y trabajado con manuscritos y documentos de archivo. Pronto deberán publicarse dos: en España, un álbum de cartas de políticos, aristócratas y escritores que reunió Gómez de Avellaneda –atesorado en la Biblioteca Nacional– y, en México, un cuaderno de versos de José María Heredia, parte del magnífico repositorio documental de la biblioteca de nuestro Instituto.

En tu trayectoria es muy importante tu labor como feminista. ¿Qué comporta esa perspectiva feminista en tu tarea como intelectual y académica? 

Precisamente fue la curiosidad literaria el alimento de mi vocación por la defensa de la justicia y los derechos de las mujeres. A punto de terminar Filología empecé a leer teoría literaria feminista. Era 1988. Hacía mi tesis sobre Mario Vargas Llosa y mi novio de entonces preparaba la suya sobre la novela femenina de la Revolución Mexicana. Fue un descubrimiento para mí. Luego hice una especialización en Estudios de la Mujer en El Colegio de México. Como me dedico a la investigación, casi nunca me abandono únicamente a la emoción de la letra; busco información, acercamientos críticos, y es fácil registrar cuán reiteradamente la producción de las mujeres se juzga insuficiente. La crítica patriarcal, por ejemplo, gustaba de afirmar que la poesía de Dulce María Loynaz no había evolucionado. Juicios como ese han terminado silenciando a muchas autoras. Nos toca recuperar sus voces y difundir sus hallazgos de estilo para proveer un marco de lectura de sus obras menos enconado, pudiera decirse. Entonces podemos leerlas en el concierto de la época y ver cómo no desmerecen nada frente a las de sus coetáneos varones. Hay que trabajar muy duro para instalar esa otra perspectiva.

Fuera de aulas y bibliotecas me involucro a menudo en discusiones relativas a los derechos de las mujeres en Cuba. Hace algunos años, unas colegas y yo llevamos a cabo una acción pública: tod@scontralaviolencia.........

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