Lo de los zombis
1- Hace escasas horas, paseando por la zona rubia de BCN, me encontré con lo siguiente. Lo siguiente: una para-procesión del Corpus. Es decir, algo parecido, pero diferente. Unos feligreses habían esculpido una tosca alfombra floral frente a una iglesia, en cuya puerta se congregaban cierto número de fieles –reducido–, sin saber qué hacer, observando a un cura. Sin motivo aparente, unos se arrodillaban, otros estaban en pie y otros probaban ambas posturas, a ver. La sensación es que todo el mundo dudaba porque nadie recordaba. No recordar, haber olvidado, es algo estructural en el mundo católico contemporáneo. Es decir, también debe de serlo, por fuerza, en el mundo a secas, sometido a olvido y destrucción sistemática desde hace cuatro o cinco décadas. Respecto del olvido en la religión, debe de ser algo en verdad intenso, pues sucede hasta en el tramo alto de la Iglesia, aquel que, en principio, garantiza la continuidad de la tradición, lo eterno, lo invariable. Exemplum: cuando Benedicto XVI renunció al papado –en 2013; ayer–, lo hizo ante el colegio cardenalicio, leyendo un discurso en latín. Que los cardenales no entendieron, de manera que permanecieron inalterables ante un suceso espectacular, que no se daba desde hacía casi 600 años. Los all-stars de la Iglesia, vamos, habían olvidado una región importante de la Iglesia: su lengua. Y no parece que eso sea consecuencia del Vaticano II, sino de algo más lejano y potente. Aquello que provocó el Vaticano II: el abandono de la religión en Europa a lo largo del siglo XX, aka el olvido.
2- El sociólogo Emmanuel Todd –no se pierdan su La derrota de Occidente, Akal, 2024– relacionaría esas dos anécdotas del punto 1 con algo categórico, que él va y denomina “religión zombie”. El concepto alude al hecho de que las religiones perdieron, en el siglo XX, la fe viva y la creencia real. Es decir, todo. Pero, a pesar de ello, se comportan como si estuvieran vivas, y siguen emitiendo valores. Lo que indica que están muertas como fe, pero vivas como cultura. La cultura es un intangible y un relativismo, no así la religión, que era, cuando existía, tangible, una serie de normas, dogmas y hechos, hasta que, en el XVIII, empezaron a dejar de ser todo eso. Como un zombi, la religión hoy avanza en una dirección, que no es otra que aquella en la que avanzaba cuando estaba viva. Los zombis, en fin, son animales de costumbres. Todd lo explica así: “Las personas no creen, pero actúan como si ciertas estructuras estuvieran vigentes”. Todd dibuja así un “catolicismo zombie”, en Francia, España, Italia, a través de la importancia de la familia, de la ritualización social –se acepta la religión en bodas, bautizos, comuniones, entierros– y de una moral comunitaria implícita. Por lo mismo, hay un “protestantismo zombie” en Alemania y Escandinavia, dibujado a través de una ética del trabajo, de cierto individualismo y de cierto igualitarismo moral.
Las religiones perdieron, en el siglo XX, la fe viva y la creencia real
Las religiones perdieron, en el siglo XX, la fe viva y la creencia real
3- Pero, agárrense, la zombización de la religión es algo tan profundo y categórico que, por lo mismo, afecta “a todas las creencias posteriores (al cristianismo) en Europa, como la nación y la clase”. La religión zombi, por ello, permite leer “la política, la familia, la actitud ante la autoridad y ante la igualdad”, a través de ideologías zombis, “residuos inconscientes de la religión”. Todd enumera aquí los residuos o, mejor, los hijos del cristianismo, esos otros pequeños que han crecido tanto que ya son zombis de pleno derecho. En Francia serían “el radical-socialismo, el socialismo, el comunismo, el gaullismo, la extrema derecha”. En UK, “el laborismo, el conservadurismo”. En Alemania, “la socialdemocracia, el nazismo y, por supuesto, la democracia cristiana”. En América, supongo, todo. Y en España, supongo, lo que aún queda: todos los nacionalismos, ese llenapistas local –empezando por el más determinante y brutal: el español, esa bestia que, por ausencia de límites, tras 50 años de destrucción y zombización, se reprodujo y tuvo otros zombiitos– y, en menor medida, lo que queda suelto por ahí: las nuevas extremas derechas, la derecha rancia, la Tercera Vía y las izquierdas locales, básicamente moralistas. Es decir, zombis en modo Festival de Sitges.
4- En la Iglesia hay capas que sueñan con volver a ser una religión, mientras que hay otras que saben que son una religión zombi, esto es, una cultura. A esos dos sectores se les llama,........
