Lo de la cultura. Lo de ZP. Lo de Leire
1- Una visita de Estado es una redundancia. Es decir, su utilidad y efectividad se producen mucho antes de la visita, en el momento en el que las delegaciones del Estado visitante y el Estado visitado pactan el contenido, los extremos y las mesetas, la efectividad y la anécdota, de esa visita. Me dicen que esos encuentros entre delegaciones no se producen, o no se producen de manera detallada según el método diplomático, en el trumpismo, esas cumbres y visitas que no son cumbres ni visitas, sino pura espontaneidad del César, sin guion y, por ello mismo, algo terrible en la política y en los monólogos de humor.
2- Por lo visto, las delegaciones del Vaticano y de España decidieron, en esta ocasión, que en el Estado visitado, algo o alguien que no fuera el Ejecutivo o el Legislativo planteara en voz alta lo de los abusos a menores en la Iglesia, sin especial sangre y sin darle más vueltas. Se planteó también –lo que es muy importante, un triunfo de determinada lectura del Estado; la única por aquí abajo, me temo– que en MAD se produjera el epicentro de la escenografía y la operatividad de la visita de Estado. Es decir, que en Catalunya no se visitaran legislativos ni ejecutivos, ni se produjera esa manera de hablar raruna y propia de cuando se habla desde o ante un Estado –no se pierdan el punto 6–. A su vez se tuvo que pactar lo de Canarias, un punto político y humano importante –como Lampedusa y, este es el tema, este es el carácter dramático del tema, como en su día lo fue Dachau– en el que, a pesar de la acogida canaria, positiva, humana, a la inmigración que llega –cuando consigue llegar viva–, las nuevas extremas derechas peninsulares están planteando el concepto “prioridad nacional”, que es el nombre enrollado que sustituye el concepto que esconde: Spain first, esa corriente antiintelectual y mundial que, por primera vez desde 1945, carece de pudor y reparos ante la idea misma de exterminio, es decir, ante la mismísima idea universal de especie, de género humano.
Por un periodo de tiempo no habrá un papa y un catolicismo como el de Wojtyla
Por un periodo de tiempo no habrá un papa y un catolicismo como el de Wojtyla
3- Contenido de la visita de Estado del Estado visitante. Básicamente se asistió a la puesta de largo de algo novedoso por parte de la Iglesia. A saber, agárrense: la Iglesia ha decidido ser, por un segmento de tiempo indeterminado, cultura. Esto es, un cultivo que se realiza con otras tierras, climas, herramientas, simientes –y, claro, frutos– distintos a los de la religión. Lo que es una novedad. Absoluta, diría. Y, como todas las novedades absolutas de la vida, no tanto, pues se trata de algo ya planteado antes, en el anterior papado. Por un periodo de tiempo no habrá un papa y un catolicismo como el de Wojtyla, aquel papa y aquel catolicismo there is no alternative. Lo que, en términos generales, es un respiro para todos y prefigura un contrapoder global, una cultura global, opuesta, por todo ello, al trumpismo, esa bicha que se vertebra a sí misma antes como religión que como política o cultura. Sobre las novedades de ser cultura y no religión: cierto relativismo, cierta amplitud semántica, cierta operatividad laica y, por todo ello, nuevos compañeros de viaje. En el Congreso, momento en el que el papa soltó su nuevo itinerario, ni siquiera apareció la palabra homosexualidad o matrimonio gay, esos llenapistas. Sí, el papa habló de aborto y eutanasia. Pero, ojo –y como me hizo ver Gorka Larrabeiti, un señor que sabe tanto del Vaticano que, cualquier día, el Vaticano le envía el famoso francotirador del........
