Bonillavirus
Decía un aclamado tuit en pleno rescate bancario de 2012 que llevábamos toda la vida haciéndolo mal al ir a sacar dinero al cajero: vigilábamos mirando para atrás cuando el peligro estaba delante. Algo parecido pasa estos días en una campaña de las elecciones andaluzas eclipsada por la crisis del hantavirus. Mientras los informativos miran al crucero que se dirige hacia las Islas Canarias, investigadores andaluces hacen público un estudio que pasa casi inadvertido, pero que acojona y mucho. Entre los años 2019 y 2024 murieron por cáncer en Andalucía casi 4.000 personas más de lo esperable. 4.000 personas que no deberían haber muerto según la estadística de años anteriores y la media nacional.
Los autores atribuyen estas muertes de más a “déficits en la accesibilidad, la oportunidad y la calidad de la atención oncológica” en la sanidad pública andaluza. Traducido al castellano: cuando abandonas, qué esperas. El Bonillavirus podríamos llamarlo atendiendo a la coincidencia en las fechas. Para hacernos una idea de lo que suponen 4.000 muertes de más, se estima que el total de fallecidos durante toda la terrible pandemia de covid en Andalucía fue de 14.000 personas. Dicho de otro modo, en la actualidad, sólo en muertes de más provocadas por cánceres no pillados a tiempo, cribados perdidos en un cajón o tumores que empeoran por las listas de espera, la privatización ya supone una pandemia de cifras escandalosas.
No es la mejor forma de cerrar este diario de campaña hasta el próximo lunes y desearles un buen fin de semana, soy consciente. Si quieren alegría entren en las redes sociales del presidente andaluz. Ha estrenado un videoclip cantado por él mismo. Hay tan buen ambiente electoral en el Partido Popular que hasta el alcalde de Sevilla, tipo de gesto extremadamente serio, andaba repartiendo piruletas por los parques infantiles. Si la gran apuesta es por la sanidad privada, por qué no sumarle el seguro dental.
7/5/2026. El perro de Schrödinger
Por si las visitas a la Feria de Abril nos supieron a poco, tenemos nuevo desembarco madrileño en Andalucía. Esta vez es mayo y no hay casetas, sino mítines, muchos mítines. Viene el AVE cargado. Uno baja a por el pan y se encuentra a Abascal –en los carteles de su empresa acompañando a un señor andaluz desconocido– subido a un escenario para culpar a moros y negros por la crecida del Atlántico que está dejando a Matalascañas sin paseo marítimo. ¿Esas olas habían pasado antes por África, sí o no? Pues ya está. Otra jornada cotizada. Luego que si no trabaja. Feijóo anda también por aquí. Hablando de playas, esta vez el gallego no ha repetido en sus mítines aquello de que los andaluces somos tontos y no sabemos contar metros de costa. En el PP-A lo han agradecido enormemente. Has estado muy bien, Alberto, te vamos acompañando a la estación. Pero son las dos de la tarde y salgo a las seis. Mejor ir con tiempo, ya sabes cómo se las gasta Óscar Puente…
Pedro Sánchez también estará de mitin andaluz este fin de semana. Si Feijóo resta más que suma y Abascal –mira, Santi, un moro– está porque tiene que estar, porque nadie lleva el negocio como lo lleva un dueño, los efectos de la presencia de Sánchez, del sanchismo en general presente en la campaña, son una incógnita. Una incógnita que explica, en buena parte, la única zona gris, de incertidumbre electoral, que existe en esta campaña que teóricamente será un paseo plácido para el candidato del PP, Moreno Bonilla. ¿Suma o resta aquello que huele a Sánchez? Uno lee la prensa y escucha los debates y parece haber consenso en que la candidata socialista María Jesús Montero será castigada por su estrecha relación con el presidente de España todos estos años. Y, sin embargo, uno mira números y algo falla en esa tesis de la supuesta maldición del sanchista. En las últimas autonómicas andaluzas de 2022, las que llevaron a Moreno Bonilla a la actual mayoría absoluta, el PSOE consiguió movilizar la triste cifra de 883.707 votos. Un año........
