“‘Interviú’ daba voz a los olvidados”
Hablamos de una revista legendaria, Interviú. Más allá de los desnudos de portada (no es pequeña la trucha), durante sus más de cuatro décadas de existencia (1976-2018) destapó números casos de corrupción de toda índole (los bebés robados, la secta de los niños de Dios, el Caso Naseiro, Nécora, Roldán, redes de narcotráfico en Galicia…) y aglutinó las firmas más reputadas del momento: Cela, Marsillach, Vizcaíno Casas, Forges, Umbral o Vargas Llosa, entre otros muchos. No había rincón al que no llegara (hogares, oficinas, despachos, bares, conciliábulos de poder) ni escora ideológica en la que atracase. Uno de sus redactores, Alberto Gayo (Madrid, 1968), resume en algo más de cuatrocientas páginas su historia: Interviú es el demonio (La Felguera).
Hacerse cargo del traslado de los presos españoles en Mauthausen para su reencuentro, la reconciliación en Belchite de combatientes durante la Guerra Civil de ambos bandos, el caso de los marqueses de Urquijo, la colza, el seguimiento de las decenas de escándalos políticos y económicos (Roldán, Nécora, Mafia Rosa…), la secta de los Niños de Dios, el caso de la farmacéutica de Olot, el descubrimiento de los restos de la sima de Jinámar… si tuviera que escoger tres reportajes por los que Interviú mereciera pasar a la historia del periodismo, ¿cuáles serían?
Aparte de los que has citado, y otros muchos de igual calado, escogería tres épocas y tres temáticas, para definir todo lo que fue Interviú. El primero es un tema publicado en el verano del 77, que se titulaba “Matanza de Rojos en Canarias”, y que tuvo una segunda parte que se llamaba “El cementerio político guanche”. Estos dos reportajes estaban firmados por José Luis Morales y Miguel Torres. Son reportajes sobre memoria histórica ¡en 1977! Estamos hablando de una época con violencia política cañera, estaba ETA, los Grapo, los ultraderechistas, grupos parapoliciales… e Interviú empieza a contar en esa época cómo había sido la crueldad, la represión violenta del franquismo en la Guerra Civil.
Es asombroso, en aquel entonces, que Interviú mandase a dos reporteros a Gran Canaria para desvelar que, en una especie de oquedad volcánica de montaña, en la sima de Jinámar, se habían lanzado cuerpos de represaliados republicanos, de anarquistas, de comunistas, de enemigos de los golpistas. Los dos periodistas se van allí y hablan con la gente de la zona, que conocía desde décadas que aquel lugar era una especie de cementerio. Los periodistas se van con unos espeleólogos, bajan con unas cuerdas, y recogen un saco de cráneos y restos óseos. Insisto, en el año 77, cuando ni siquiera teníamos Constitución, ni derechos reconocidos, ni había habido elecciones libres. Interviú lo contó ya entonces. Esto es importante, porque en 2016, la revista Journal of Spanish Cultural Studies, una publicación hispanista muy prestigiosa en Estados Unidos, reconoce a Interviú como el único canal de comunicación valiente que denunciaba todas esas tropelías del franquismo. Y siguió informando sobre ese asunto hasta su cierre, porque Interviú nunca dejaba morir un tema. Cuando cogía un tema y lo descubría, lo seguía hasta el final.
Recuerdo un reportaje en el que explicábamos cómo era una salud sexual sana. ¿Qué hicimos? No hablamos con sexólogos, sino con prostitutas
Recuerdo un reportaje en el que explicábamos cómo era una salud sexual sana. ¿Qué hicimos? No hablamos con sexólogos, sino con prostitutas
Otro asunto importantísimo fue el de los bebés robados. Se creó, durante los años setenta y ochenta, una red de adopciones irregulares capitaneada por unas monjas y unos ginecólogos en una muy conocida clínica madrileña. En el año 76, la periodista María Antonia Iglesias y el fotógrafo Germán Temprano, dos clásicos de Interviú, después de una llamada que hace una enfermera para denunciar el tema, van para allá y consiguen fotografiar el cadáver de un bebé recién nacido en una especie de nevera, una fotografía en blanco y negro que denunciaba lo sórdido del asunto. Ese era el cadáver que utilizaba la red de adopciones ilegales para mostrar a las madres y justificar que el niño había muerto. Las engañaban y derivaban el niño vivo a familias pudientes. Esos reportajes se hicieron hasta que se llevó a los tribunales, donde no hubo sentencia condenatoria; después lo continuó Ana María Pascual. ¿Ves? Interviú nunca olvidaba sus temas, los seguía hasta el final, no importaba cuánto tiempo llevasen.
Por último, escojo un asunto de los setenta, que se repitió en los noventa, que me parece bastante atrevido y transgresor para una revista que era acusada de machismo y de amarillismo. En 1977 colocó en portada un titular impresionante: “Vosotros, machistas, sois los terroristas”. Ese titular al lado de una chica semidesnuda, como siempre en la portada. El titular de 1993 era “Los maridos españoles matan más que ETA”. Queríamos abrir los ojos a propósito de la violencia que ejercían los hombres contra las mujeres, ¡ya entonces! Según el reportaje, en España se producían más de quince mil violaciones al año. En 1993, 86 mujeres fueron asesinadas por sus parejas, y ETA mató ese año a catorce personas. Con ese dato real se montaron dos superreportajes impresionantes de sensibilización contra la violencia machista.
Déjame que añada un cuarto, también muy social, el del Robin Hood de la luz, que ejemplifica cómo Interviú era un recurso para mucha gente que necesitaba denunciar cosas importantes. En Sevilla había un ingeniero que se llamaba Antonio Moreno, jubilado, que había trabajado mucho tiempo en grandes empresas energéticas. Había ido recopilando muchos datos que probaban cómo las eléctricas se conchababan y estafaban a los ciudadanos en el recibo de la luz. Gracias a su denuncia, y a nuestra cobertura, ahorramos mucho dinero a los consumidores.
¿Cómo evitaba traspasar la frontera entre el sensacionalismo (la provocación), del que tiraba con frecuencia, del amarillismo (que desatiende el rigor informativo), del que se zafaba?
A Interviú se le acusó de todo, de amarillista, de pornográfica… Pero, vistos los 2.177 números, esa provocación era necesaria para espabilar a la gente, que llevaba cuarenta años de dictadura a cuestas. Para llegar de manera más directa, utilizábamos la provocación y la transgresión. Pero detrás de todo titular de Interviú siempre había una historia que no solo era real, sino que era una buena historia. Uno de los directores, Ignacio Fontes, decía que la revista tuvo éxito porque consiguió ganar a toda la clase media. A esa gente, la que trabaja con más o menos suerte, con más o menos sueldo, con más o menos intensidad, le llegaba cada lunes un gran impacto de realidad. La Fundación Gabo, de García........
