El Guernica después de las imágenes
El Guernica es probablemente la imagen política más importante del siglo XX y, sin embargo, hace tiempo que dejó de ser una imagen. Se ha convertido en otra cosa, en una especie de icono estabilizado, una superficie moral sobre la que nadie discute demasiado. Lo cierto es que sabemos lo que dice antes de mirarlo. Sabemos incluso cómo debemos mirarlo. Quizá por eso ya no lo vemos.
Cada cierto tiempo vuelve el debate sobre su traslado a Gernika, como si el problema del Guernica fuera su ubicación. Pienso que la pregunta no es tanto dónde está el cuadro, sino en qué condiciones puede todavía producir sentido. O, más aún, si puede hacerlo.
En el Museo Reina Sofía, el cuadro ocupa una sala propia. Se entra en silencio, se avanza despacio, se levanta el móvil, se hace una foto. Hay algo casi litúrgico en ese recorrido, pero también algo profundamente domesticado. La imagen que en 1937 condensaba el estruendo de un bombardeo, la fragmentación de los cuerpos, el grito sin salida, aparece hoy envuelta en un dispositivo de contemplación que amortigua su violencia. No porque el museo la oculte (al contrario, la protege, la centraliza, la convierte en pieza mayor) sino porque la forma misma de su exhibición la neutraliza.
La realidad es que el museo promete experiencia, pero organiza tránsito. Promete encuentro, pero produce circulación, y en ese flujo constante de visitantes, el Guernica se convierte en una parada........
