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La PAU y el teatro de la meritocracia

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10.06.2026

Las imágenes que hemos visto estos días con arcos detectores de metales y detectores de radiofrecuencias en la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU) son tan desoladoras e inquietantes como tristemente paradójicas; y la prueba demoledora de un enorme fracaso.

Desoladoras e inquietantes porque duele ver a nuestros jóvenes ser tratados, en una institución educativa, como defraudadores en potencia, suspendida su presunción de inocencia y naturalizada la cultura de la sospecha y la vigilancia supuestamente para garantizar la igualdad de condiciones en una prueba que por diseño ni es homogénea, ni es objetiva y que, por su misma naturaleza, dista mucho de realizarse en igualdad de condiciones.

Tristemente paradójicas porque usar el miedo y tecnologías de vigilancia y control para garantizar la honestidad académica es un contrasentido educativo que provoca una profunda disonancia. 

Fracaso porque estas imágenes representan el final irónico de una trayectoria educativa en un sistema que falla a sus jóvenes. Tras más de 12 años de escuela, la entrada a la adultez y al futuro prometido se produce a través de un detector de metales y bajo el estigma de la sospecha. ¡Bienvenidos a la Universidad! ¡Bienvenidos a la sociedad de la desconfianza! No se me ocurre una metáfora visual más elocuente para escenificar este fracaso. Todo un oxímoron visual.

Pese a la persistencia del relato de la “bajada de nivel”, en el curso 2022-2023, la tasa de idoneidad a los 15 años era del 75,4 %

Pese a la persistencia del relato de la “bajada de nivel”, en el curso 2022-2023, la tasa de idoneidad a los 15 años era del 75,4 %

Por cierto, no está de más recordar que en esos algo más de 12 años de escolaridad, y a pesar de una sensible mejora en los últimos años, muchos jóvenes se siguen quedando atrás. Pese a la persistencia del relato de la “bajada de nivel” y la escuela como un “parque de atracciones”, en el curso 2022-2023, la tasa de idoneidad a los 15 años era del 75,4 %, es decir, casi un 25 % de los estudiantes no estaban en el curso que les correspondía por edad porque habían repetido antes. En el curso 2023-2024 la tasa bruta de graduados en la ESO fue del 81,6 % respecto a la población de 15 años.

Por si fuera poco, las dificultades en el camino no son iguales para todos. En el curso 2023-2024, el 9,9 % del alumnado de 1º de la ESO no pasó de curso en los institutos públicos, frente al 0,8 % en los centros privados. Y en el año 2025, el abandono temprano de la educación y la formación en España se situó en el 12,8 % de media, 9,8 % entre los españoles y 30,7 % entre la población que no posee la nacionalidad española.

Estamos fallando a nuestros jóvenes. Les fallamos, en primer lugar, prometiéndoles un Bachillerato que les dará madurez intelectual y humana, además de conocimientos, habilidades y actitudes, y dándoles, a cambio, un estrecho sucedáneo centrado exclusivamente en el entrenamiento para unos exámenes. La sombra de la PAU vacía la etapa de cualquier otro objetivo. El Bachillerato ejemplifica el lado más performativo de la educación; la lógica de un sistema que sigue privilegiando los resultados sobre los procesos.

Fallamos a nuestros jóvenes con un falso discurso de igualdad de oportunidades donde en realidad hay una........

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