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“El dólar depende más de la capacidad coercitiva de EEUU que de su economía”

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06.04.2026

En las últimas décadas, el imperialismo ha pasado un poco de moda como tema de análisis en los círculos académicos. Sin embargo, en los últimos meses, el presidente Donald Trump nos ha recordado que el imperialismo estadounidense sigue más vivo que nunca. De hecho, nunca desapareció, tal y como señala el destacado economista griego Costas Lapavitsas en esta entrevista exclusiva para Truthout . Lapavitsas, profesor de economía en la Universidad SOAS de Londres, nos advierte de que el mundo está ahora más cerca que nunca de una guerra mundial y de un enfrentamiento nuclear. Su reciente artículo en la New Left Review , “ Una topografía del nuevo imperialismo del dólar ”, resume su investigación más reciente sobre el creciente caos del imperialismo estadounidense en la era Trump y sus posibles consecuencias catastróficas para el mundo.

El imperialismo fue un concepto central en el pensamiento marxista y radical a lo largo del siglo XX, pero para muchos la globalización parecía haberlo dejado obsoleto. Hoy está protagonizando un regreso espectacular, en gran parte debido a Trump, cuyas ambiciones territoriales, el resurgimiento de la Doctrina Monroe y las amenazas contra Canadá, Groenlandia y Panamá le hacen parecer y actuar como un aventurero imperial del siglo XIX. ¿Cómo sigue siendo el imperialismo una característica del capitalismo contemporáneo, y en qué se diferencia el imperialismo actual del expansionismo agresivo de las grandes potencias antes de 1914?

El imperialismo nunca desapareció. Los teóricos marxistas clásicos –sobre todo Lenin, Hilferding, Bujarin y Luxemburgo– se dieron cuenta algo que sigue siendo válido: el imperialismo es, en el fondo, un fenómeno económico, una forma históricamente específica de organizar la acumulación y la extracción de plusvalía a escala mundial, respaldada por el poder coercitivo del Estado. El imperialismo está arraigado en el capitalismo.

Sin embargo, las formas y los mecanismos del imperialismo han cambiado profundamente. El imperialismo de las grandes potencias antes de 1914 se basaba en la posesión territorial, la administración colonial y la extracción directa de recursos y valor. Surgía de la fusión del capital industrial y bancario dentro de bloques nacionales que competían por territorios y mercados. El imperialismo actual opera a través de una arquitectura totalmente diferente. Las cadenas de producción global dominadas por empresas multinacionales se combinan con bancos internacionales y fondos de inversión. Operan en un sistema jerárquico de producción y finanzas anclado en el dólar estadounidense. El sistema es explotador y coercitivo, pero se basa en mecanismos de pago, normas de garantía y sanciones que imponen el cumplimiento sin ocupación territorial. La coacción definitiva, huelga decirlo, depende del poder militar y de la agresión desacreditada.

Trump es un síntoma de esta estructura bajo presión, no su autor. La primacía productiva de Estados Unidos se ha ido erosionando durante décadas, mientras que el dominio del dólar sigue siendo fuerte. Esa brecha está generando ahora turbulencias políticas a nivel mundial. Las maniobras territoriales hacia Groenlandia y Canadá, las guerras arancelarias y las relaciones transaccionales sin rodeos con otras grandes potencias no constituyen una nueva estrategia imperial. Más bien, son el comportamiento de una potencia hegemónica que ya no puede reproducir el consentimiento y está recurriendo al poder posicional puro. El poder posicional sin fundamentos productivos, y sin la legitimidad institucional que en su día sustentó el liderazgo estadounidense, es un activo en declive.

¿Pueden el capital financiero global y la acumulación de capital por sí solos proporcionar la clave para comprender el imperialismo contemporáneo en su totalidad?

No. Esto hay que decirlo claramente, porque la tentación de reducir el imperialismo contemporáneo principalmente a las finanzas es comprensible, dado el extraordinario crecimiento del poder financiero en las últimas décadas.

El imperialismo contemporáneo se basa en la combinación estructural del capital productivo internacionalizado y el capital financiero global. Estas dos formas son distintas, pero se refuerzan mutuamente. Un fondo de cobertura puede gestionar 1000 millones o 1 billón de dólares desde las mismas oficinas de Wall Street; una planta de semiconductores no puede duplicar su producción........

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