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La ONU y Bachelet

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09.02.2026

Las atrocidades cometidas en los dos episodios de la Guerra Mundial rebasaron todo precedente. Aquella conflagración se desató sin objetivos concretos en disputa, lo cual borró toda esperanza de un final sobreviniente una vez conseguidos. Quedó demostrada la voracidad de la maquinaria de muerte, adosada al incontenible apetito de expansión imperialista, ambos infinitos; tanto que solamente el apocalipsis atómico en su tremenda devastación le puso a la violencia descargada un punto con aspiración a ser final. Siempre con la temible posibilidad de que sea solamente suspensivo. 

El golpe descargado sobre la conciencia del mundo civilizado por la cuantía de los daños humanos y materiales de la contienda fue demoledor. Con sobrada razón, pues entre la Primera y la Segunda cobraron más de 90 millones de víctimas mortales; entre ellas, una mayoría de población civil inerme; dentro de ella, los más de 6 millones exterminados en los campos de trabajos forzados, escenario de ejecución de la llamada “solución final” destinada a borrar de la faz de la tierra a los judíos y a otras razas y grupos considerados “inferiores” por aquellos que se propusieron un dominio de mil años.

Esas agresiones a la dignidad humana mostraron la razón de la tenebrosa........

© Correo del Sur