Palabr(a-r)ota | En Maracaibo, la sombra ofende
Palabr(a-r)ota | En Maracaibo, la sombra ofende
17/03/2026.- En una ciudad sedienta de sombra como Maracaibo, sorprende la inclinación a la poda, tanto de particulares como de organismos públicos.
Cuidar de un árbol en Maracaibo parece ser sinónimo de podar.
Pasaron los tiempos cuando no tener un pino frente a la casa era un claro indicador de minusvalía.
Cuanto más escuálido el pino, más bello se presentaba a los ojos de sus propietarios; como si un rastro verde del invierno nórdico pudiese refrescar el sofoco marabino.
Esos tiempos pasaron solo para dar entrada a este presente en el que acercarse a un árbol sin un machete y una tijera de podar es un tipo de blasfemia.
Vivo al lado de un parque infantil, donde la única sombra disponible la proyectan unos viejos cujíes que ya estaban allí cuando se construyó el lugar y que tuvieron la suerte de contar con un arquitecto de talento y buen sentido que decidió integrarlos a su diseño.
Una vez terminada la construcción, se plantó allí una docena de árboles que en Maracaibo se conocen como bucaritos; un árbol que resiste bien el clima local y que, si se le deja crecer, ofrece una sombra sólida y refrescante.
Tienen, sin embargo, los bucaritos, una gran desventaja: se prestan muy bien para darles forma de paraguas, el summum de la belleza paisajística para los encargados de la jardinería pública.
Vale decir que esos árboles no tienen esperanza alguna de crecer.
En cuanto una rama despunta por encima del último corte con el que se aplanó la copa, aparecerá raudo un piquete armado de machetes y tijeras para castigar el atrevimiento.
Vemos entonces árboles reducidos a la mitad de la frondosidad alcanzada, porque tuvieron la cachaza de perder la tan apreciada forma de paraguas.
Esos árboles están condenados a ser una especie de bonsáis gigantes a los que nunca se les permitirá exceder los dos o tres metros de altura ni a ensanchar sus copas hasta proyectar una sombra decente.
Entretanto, los niños seguirán jugando en un parque donde no hay un solo contenedor de basura, ni baños para los usuarios ni, por supuesto, sombra.
Cósimo Mandrillo
Voces
