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Cuando la cárcel cruza fronteras: el PCC y su expansión criminal

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19.10.2026

La autora de esta columna analiza la expansión del Primeiro Comando da Capital (PCC) más allá de Brasil, a partir de la célula desarticulada en Chile. Advierte que el PCC no necesita controlar barrios para convertirse en un problema estratégico, porque le basta con reclutar, conectarse con presos y usar el país como corredor. Concluye que «entender cómo nació, cómo funciona y cómo se adapta es parte de la respuesta. Porque el crimen organizado no tiene un solo modelo, y combatirlo como si todos los grupos fueran iguales puede significar llegar demasiado tarde».

Imagen de portada: Sebastián Brogca / Agencia Uno

La expansión del crimen organizado brasileño obliga a mirar más allá de las imágenes que hemos construido sobre el narcotráfico latinoamericano. El Primeiro Comando da Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV) no son simples versiones brasileñas de los cárteles mexicanos o colombianos. Comparten negocios, rutas y violencia, pero su historia, sus formas de organización y sus mecanismos de control social responden a una trayectoria propia. Comprender esa diferencia es indispensable para entender por qué el PCC intentó instalarse en Chile y qué podría significar su presencia para la seguridad regional.

Ambas organizaciones nacieron en las cárceles brasileñas. El Comando Vermelho surgió en Río de Janeiro durante la década de 1970; el PCC se fundó en 1993, en una prisión de Taubaté, en el estado de São Paulo. No es un detalle anecdótico: las cárceles fueron el espacio donde construyeron códigos de lealtad, redes de comunicación, mecanismos de financiamiento y estructuras capaces de sobrevivir al encarcelamiento de sus integrantes. La prisión no solo concentró delincuentes: también ofreció las condiciones para articular organizaciones que terminarían extendiéndose fuera de sus muros.

El contexto carcelario brasileño ayuda a entender el surgimiento de estas organizaciones. De acuerdo al World Prison Brief, Brasil tenía 964.668 personas privadas de libertad al cierre de 2025, la tercera población penitenciaria más grande del mundo. En un sistema marcado por el hacinamiento (con una ocupación del 141,4 % de su capacidad oficial) las cárceles se convirtieron también en espacios donde organizaciones como el PCC construyeron redes de disciplina, lealtad y coordinación que después proyectaron fuera de los muros........

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