69 días
El autor de esta columna analiza el reciente cambio de gabinete desde la perspectiva del desgaste del sistema político. Sostiene que «tal vez allí resida el verdadero significado de este episodio. El ajuste ministerial más rápido desde 1990 probablemente diga menos sobre una administración particular que sobre una transformación más amplia de las democracias actuales. Gobiernos elegidos con mandatos contundentes, pero incapaces de consolidar autoridad antes de comenzar a erosionarse».
Imagen de portada: Lukas Solís / Agencia Uno.
Sesenta y nueve días.
Eso alcanzó a durar intacto el primer gabinete de José Antonio Kast antes de enfrentar el ajuste ministerial más rápido desde el retorno a la democracia. La salida de Trinidad Steinert y Mara Sedini, junto a la reconfiguración que incorpora a Claudio Alvarado, Martín Arrau y Louis de Grange, difícilmente puede interpretarse solo como una corrección administrativa. El episodio adquiere otra dimensión precisamente por su velocidad.
La política chilena conoció períodos de rotación ministerial vertiginosa durante la República Parlamentaria, cuando la estabilidad de los gabinetes dependía de alianzas parlamentarias extraordinariamente frágiles. Más de un siglo después, el cuadro es distinto, aunque no completamente ajeno. Ya no se trata de ministros derribados por combinaciones congresales efímeras, sino de administraciones que comienzan a erosionarse antes incluso de concluir su instalación política.
La excepcionalidad del episodio no radica únicamente en el número de días. También importa el contexto. El ajuste ocurre sin una recesión severa, una derrota plebiscitaria o un escándalo de corrupción capaz de desfondar estructuralmente al Ejecutivo. El deterioro apareció antes de que La Moneda alcanzara a consolidar una forma reconocible de conducción.
Buena parte de la campaña republicana se sostuvo sobre una promesa relativamente simple: restaurar autoridad en un país fatigado por años de inseguridad, fragmentación y desgaste político. El gabinete original respondió bastante bien a esa lógica. Predominaron perfiles técnicos, independientes, empresarios y figuras de confianza presidencial, varios de ellos con escasa experiencia........
