La fractura silenciosa de la vivienda: cuando la herencia importa más que el sueldo
Hay una conversación que se repite, con variantes mínimas, en muchos hogares del sur de Europa. Una persona de entre 30 y 40 años explica, con una mezcla de resignación y perplejidad, que gana más que sus padres a la misma edad, pero vive peor. Trabaja, cotiza, ahorra lo que puede, y aun así la posibilidad de acceder a una vivienda en propiedad se aleja cada año un poco más. Sus padres compraron en los setenta u ochenta, acumularon un patrimonio sin proponérselo y hoy son pequeños propietarios sin haberse considerado nunca inversores. La pregunta que flota bajo esa conversación es incómoda: ¿estamos ante una crisis de salarios o ante algo más profundo?
La respuesta, sostenida por una evidencia creciente, apunta a lo segundo. España y buena parte del mundo occidental están atravesando una mutación silenciosa en la naturaleza de la desigualdad. Durante décadas, el debate redistributivo giró en torno al trabajo: brechas salariales, precariedad laboral, derechos sindicales. Esas tensiones siguen siendo reales. Pero han quedado eclipsadas por una fractura de distinta naturaleza, más difícil de enmarcar políticamente y más difícil aún de revertir: la desigualdad de patrimonio, con la vivienda como activo central.
Es en este contexto donde cobra toda su fuerza el análisis del sociólogo e investigador del CSIC Javier Gil, cuyo reciente libro Generación inquilina ofrece uno de los diagnósticos más........
