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Una singladura con mar gruesa para la economía global y nacional

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02.09.2026

Tras el verano septentrional llega el nuevo curso político y económico con inevitables cambios tanto a nivel nacional como global. Los de carácter político están en manos de los electores, pero los económicos, hijos en parte de los primeros, barruntan mar gruesa en el horizonte. Con la guerra de Irán encasquillada, la inflación persistirá más tiempo del previsto, los tipos de interés volverán a subir (ya lo han hecho los bonos en medio mundo), se encarecerá la financiación de la economía, se estresarán las finanzas de los Estados, de las empresas y de las familias, y se frenarán el crecimiento y el empleo. Una singladura con mar gruesa.

España ha experimentado un generoso ciclo de crecimiento desde que superó el bajonazo del covid, aunque alimentado por los flujos demográficos de la inmigración irregular, pero en absoluto suficiente como para argumentar con el mínimo rigor que vivimos en otro mundo y que la economía española no depende del exterior. Depende, depende mucho y depende cada vez más. De hecho, la variable demográfica ha dejado de tener hace muchas décadas carácter nacional, con saldos vegetativos nacionales declinantes y negativos, para depender del exterior. Haciendo abstracción del episodio extraordinario de la regularización reciente, que ha generado una severa crítica y censura de los socios comunitarios, España depende cada vez más de decisiones y acontecimientos externos.

El país entra en el nuevo curso político y económico, y a la vez en la recta final de la legislatura, con buenos datos nominales de su desempeño económico, pero con las grandes decisiones de política económica varadas desde hace años. No parece el Gobierno capaz de lograr una mayoría parlamentaria que respalde un Presupuesto, como no ha sido capaz de lograrlo en los........

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