Ceuta: cuando la frontera revela quién defiende la ley y quién vive del ruido
Ceuta volvió a situarse en el centro de una crisis migratoria, pero lo que quedó al descubierto fue mucho más que una frontera tensionada: quedó al descubierto la diferencia entre gestionar con la ley en la mano y utilizar el miedo como combustible político y mediático.
La crisis en Ceuta no ha sido solo un episodio migratorio, sino un espejo de nuestras fracturas. Ha mostrado cómo gestionamos la legalidad, cómo reaccionamos como sociedad ante la presión y cómo ciertos discursos políticos erosionan la convivencia que durante décadas definió a la ciudad autónoma. También ha dejado claro quién actúa ante la emergencia y quién se limita a señalar con el dedo. En ese sentido, la crisis de Ceuta ha sido también una prueba para las instituciones, para la ciudadanía y para quienes llevan años prometiendo soluciones mágicas que, cuando llega la hora de la verdad, se deshacen como papel mojado. Y la conclusión es evidente: la frontera no solo separa territorios; también separa a quienes trabajan de quienes solo gritan.
Lo primero que sorprende es la ausencia de propuestas reales para afrontar situaciones de esta magnitud. Se habla mucho de “mano dura”, de “control de fronteras” y de “soluciones inmediatas”, pero la ley española y los tratados internacionales son claros: los menores no pueden ser devueltos en caliente. Cualquier repatriación exige identificación, verificación de edad, contacto con la familia o con las autoridades del país de origen y garantías de protección. No es una cuestión ideológica; es una........
