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Cuando llegar no significa estar a salvo

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16.08.2026

Hay imágenes que deberían interpelarnos más allá de cualquier debate político. Una niña que llega sola a la frontera sur de Europa es una de ellas.

Antes de preguntarnos de dónde viene, cuánto tiempo permanecerá aquí o qué Administración debe hacerse cargo de ella, deberíamos formular una pregunta mucho más sencilla: ¿qué necesita esta niña para estar a salvo?

Lo ocurrido este verano en Ceuta nos obliga a mirar de frente una realidad que no puede reducirse a la gestión de los flujos migratorios. Cuando hablamos de niñas hablamos de infancia, de derechos fundamentales y de protección frente a la violencia. Pero hablamos también de género.

La experiencia migratoria no es neutra. Ser niña, estar sola, carecer de referentes familiares y encontrarse en situación de vulnerabilidad puede incrementar el riesgo de sufrir violencia sexual, trata, explotación, desaparición u otras formas de violencia contra las mujeres y las niñas.

Aplicar una perspectiva de género no es una opción ideológica cuando hablamos de protección de la infancia. Es una exigencia jurídica.

Los hechos conocidos en Ceuta son especialmente graves. Varias menores migrantes no acompañadas han denunciado agresiones sexuales tras su llegada a la ciudad y los órganos judiciales investigan algunos de estos hechos. Detrás de estas cifras hay niñas con nombre, historia y derechos.

Y hay algo que no deberíamos olvidar: una niña no deja de ser niña porque haya cruzado una frontera de manera irregular.

El Derecho tampoco puede desaparecer en la frontera.

La respuesta del Estado ante una situación migratoria extraordinaria debe estar sometida a la Constitución, a los tratados internacionales de derechos humanos y a la normativa de protección de la infancia. El interés superior del menor no es una........

© Canarias Ahora