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La oficina de la esquina, sin el cubículo de por medio

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01.09.2026

En la bandeja de entrada de la cuenta de correo electrónico había dos mensajes.

Uno era de una de las grandes firmas de consultoría: salario de entrada alto, una marca que abre puertas y la promesa implícita de que, en tres o cuatro años, podrías hacer casi cualquier cosa. El otro era de Claude Corps, el programa de Anthropic: ochenta y cinco mil dólares al año, un puesto dentro de una organización sin ánimo de lucro y doce meses construyendo herramientas de inteligencia artificial que el equipo pudiera seguir usando cuando el fellow (asociado) se marchara.

Imaginemos a Daniel —veinticuatro años, menos de dos de experiencia— los miraba, alternando entre uno y otro. Sabía que la decisión no era solo de dinero: era una apuesta sobre qué habilidad le dejaría, diez años después, pasar del cubículo a la oficina de la esquina, esa con ventana.

Durante décadas, el camino más seguro para un talento ambicioso e inseguro a la vez —ese que quiere ingresos, seguridad y estatus al mismo tiempo— ha pasado por la banca de inversión o la consultoría estratégica. En Estados Unidos han competido otras vías: Teach for America, los programas de product management de las tecnológicas, aceleradoras como Y Combinator. Todas atrajeron gente brillante; ninguna desplazó del todo el magnetismo de aquellas dos instituciones.

Lo que ha........

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