La pasarela se inauguró. La igualdad de oportunidades, todavía no
Ha pasado algo más de un mes desde que se inauguró la pasarela del Padre Anchieta. Ya no quedan cámaras. Ni discursos. Ni fotografías del corte de cinta.
Ha transcurrido el tiempo suficiente para que una obra pública deje de pertenecer a quienes la proyectaron y empiece a pertenecer a quienes la utilizan cada día.
Y precisamente ahí comienza esta historia.
Hace unos días crucé la nueva pasarela. O, mejor dicho, intenté cruzarla. Soy una persona ciega.
Mientras avanzaba, no pensaba en arquitectura. Ni en ingeniería. Ni en el presupuesto de la obra. Pensaba en algo mucho más sencillo. En no perder la referencia. En saber por dónde continuar. En moverme con la misma tranquilidad con la que cualquier otra persona atraviesa un espacio público.
Cuando una persona tiene que dedicar toda su atención a algo tan básico como orientarse para cruzar una infraestructura, comprende que la accesibilidad no puede darse nunca por supuesta.
Aquella mañana no fui el........
