El botón de donar
Han pasado casi dos meses desde que los terremotos sacudieron Venezuela. Hoy ya casi nadie habla de ellos. Las cámaras se marcharon. Los informativos encontraron nuevas urgencias. Las tertulias cambiaron de tema. Las alertas de última hora desaparecieron del teléfono móvil.
Pero las familias siguen allí. Intentando reconstruir una casa. Buscando a quienes todavía no han aparecido. Tratando de empezar otra vez con lo poco que les quedó después de que la tierra decidiera cambiarles la vida para siempre.
Las tragedias tienen una segunda muerte. La primera la provocan los terremotos. La segunda llega cuando desaparecen de nuestra conversación.
Quizá por eso, hace unos días, al entrar en la aplicación de mi banco, me detuve unos segundos cuando apareció un mensaje que ya casi había olvidado.
“Dona para ayudar a los afectados por los terremotos de Venezuela”. Pulsé el botón. Lo hice convencido. Porque detrás de aquella pantalla no había un país. Había personas. Personas que necesitaban ayuda. Y seguirán necesitándola cuando este artículo vea la luz.
Pero, mientras confirmaba la operación, apareció otra pregunta. Ya sé cuánto he donado yo. ¿Pero........
