El doble estándar de Marcel y la alegoría a la mediocridad: empresa para evaluar y no para aplicar
El doble discurso del exministro no solo resulta reprochable, sino derechamente imperdonable e insultante para quienes hoy deben asumir y costear las consecuencias de su gestión
Curiosa, por decirlo con suavidad, fue la defensa de Mario Marcel al sostener que a una empresa no se la evalúa por el tamaño de su caja. La frase, aislada, puede parecer razonable. El problema es que omite que una empresa tampoco se mide solo por una frase ingeniosa, sino por su rendimiento, su flujo, su liquidez, el control del gasto y la responsabilidad con que administra recursos ajenos, además de su capacidad de reestructurarse para responder a una crisis, a una emergencia o a una gestión defectuosa.
Ahí aparece la contradicción. Si el Estado debe examinarse con un criterio parecido al de una empresa —lo que comparto—, entonces también deben existir consecuencias cuando la gestión falla —lo que no ocurrió—.
En una empresa, las metas incumplidas, las proyecciones fallidas, el gasto desproporcionado y el aumento del endeudamiento no se premian; al contrario, se corrigen, se auditan y se reemplaza a los responsables. Correlativamente, cuando vimos indulgencia, máximas calificaciones y premios -a través de PMG- a quienes administraron deficientemente el aparato público, fuimos........
