Habitar el cargo: Kast conduce el país como si aún tuviera que conquistar el poder
Kast ganó con holgura, tiene legitimidad democrática y respaldo legislativo. Y, sin embargo, conduce como si todavía tuviera que conquistar el poder.
Hay una diferencia profunda entre ganar una elección y habitar un cargo. La primera se resuelve en una noche, frente a las cámaras y los votos contados. La segunda se construye día a día, en gestos, palabras y decisiones que tienen una sola exigencia: representar a todos, incluso a quienes no votaron por uno. Dos meses después del 11 de marzo, esa diferencia se ha vuelto el problema central de la administración de José Antonio Kast.
Parece que el presidente todavía no se da cuenta de que es presidente de todos los chilenos y chilenas, y de que ya no está en campaña como lo estuvo durante los últimos doce años. Bienvenida fue su condena, este domingo, a la agresión física contra el diputado Javier Olivares. Y vaya que estuvo bien: la violencia jamás puede ser un método de acción política, y un jefe de Estado tiene el deber de decirlo —usando sus propias palabras— “sin peros ni ambigüedades”.
Pero ese deber, una vez ejercido, obliga. Y aún estamos esperando que el mismo presidente condene, con la misma claridad y la misma urgencia, las amenazas de muerte que ha recibido nuestro diputado Jaime Araya, mensajes realizados por personas abiertamente afines al gobierno.
Y el problema de esto no es menor: pareciera que en el criterio del presidente hay violencias condenables y violencias tolerables, según de qué lado venga el palo. Y eso no es presidir: eso es seguir polarizando.
Este episodio no es aislado. Ya antes de asumir, durante el período de transición, Kast tensionó la........
