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Resistir al frenesí de la locura generada por un diantre de corbata

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26.01.2026

El imperio se exhibe en un afiche luminoso, con un líder termocéfalo que, con muecas belicosas, nos muestra sus colmillos afilados.

No hay semana, ¡qué digo!, no hay un solo día en que no sintamos estupefacción al escuchar las noticias internacionales. Bombardeos, atentados, secuestros, muertes, genocidios…

Usted pensará, probablemente, en Gaza, Ucrania, Yemen o Darfur. Y tiene toda la razón. Sin embargo, por la magnitud de la amenaza que comienza a pesarnos como plomo, hoy quisiéramos referirnos a esa chorrera de fechorías del presidente de los Estados Unidos. Su agresión descontrolada es una forma de barbarie que pone en vilo al mundo y en la que somos, en gran medida, sus rehenes.

Durante su primer gobierno, lo vimos actuar de manera destemplada. El personaje, comparable a iluminados de la estirpe de Amin Dada, Gaddafi, Kim Jong Un… o de Maduro, Ortega, Bolsonaro en nuestro continente, dio pruebas de ignorancia y perfidia.

Pero fue al entregar el mando cuando pudimos constatar de lo que era capaz: desconociendo el resultado de la elección, no dudó en llamar a la insurrección y en enviar a la “chusma” al Capitolio. Un intento golpista, por el que sigue procesado.

Ahora, en solo un año de su segundo mandato, el presidente norteamericano ha abierto varios flancos de conflicto. El imperio se exhibe en un afiche luminoso, con un líder termocéfalo que, con muecas belicosas, nos muestra sus colmillos afilados. Es, nada menos que una representación ostentosa y grosera del poder de los canallas, esos que se visten de demonios para ahuyentar a los moros y espantar a los cristianos.

La política de Trump tiene el mérito de la claridad: recuperar el terreno perdido en los últimos veinte años en desmedro de China. Y ese es el mensaje que transmite a un electorado americano mal informado, apático, convencido de que el mundo comienza en Alaska y termina en........

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