Crónicas parisinas sobre el problema de las incivilidades y desmanes
Informes de corresponsales desde Francia en 1789 hasta hechos de nuestros días.
Los acontecimientos recientes han generado preocupación entre las autoridades. Diversos grupos de ciudadanos han protagonizado actos de alteración del orden, deterioro del mobiliario urbano, daños a la propiedad privada y manifestaciones de creciente hostilidad hacia las instituciones. Varios establecimientos de venta de pan en los faubourgs han sido saqueados. Los panaderos se quejan. El precio de la hogaza de cuatro libras ha subido un cuarenta por ciento desde el invierno pasado, consecuencia de la cosecha de 1788, que fue la peor en memoria de hombre vivo: una granizada arrasó los campos de la Beauce en julio, las heladas destruyeron lo que quedaba en diciembre, y la primavera llegó tarde. Todo esto es, naturalmente, un problema meteorológico.
Los cahiers de doléances redactados en los últimos meses por los tres estamentos contienen miles de páginas de quejas sobre el precio del pan, los impuestos señoriales, la corvée y la miseria rural. Los funcionarios han anotado con satisfacción que el procedimiento ha permitido canalizar institucionalmente el malestar ciudadano.
La autoridad estudia medidas para abordar la situación.
Entre las propuestas destacan el fortalecimiento de las fuerzas de seguridad, el endurecimiento de las sanciones para quienes participen en actos vandálicos y diversos programas orientados a fomentar la convivencia y la cultura cívica.
Las autoridades han señalado que conocen perfectamente a los responsables. El vocero ha dicho: “son los mismos de siempre, los mismos agitadores, los mismos panfletistas, los mismos descontentos. Por tal motivo, esto no tiene mayor profundidad. Las autoridades saben que las personas de bien no están con los agitadores. Lo importante es recuperar la tranquilidad. Francia, después de todo, sigue siendo Francia”.
París, 15 de julio de 1789
El día de ayer, un lamentable episodio ha afectado la convivencia nacional. Una multitud tomó por asalto una antigua fortaleza conocida como la Bastilla. Los daños materiales son significativos. El gobernador De Launay fue muerto durante los disturbios; su cabeza fue exhibida en las calles sobre una pica, lo cual constituye un acto de incivilidad difícilmente justificable.
El interior de la fortaleza albergaba en ese momento a siete prisioneros: cuatro falsificadores, dos lunáticos y un joven noble internado a pedido de su familia por libertinaje. Su liberación ha generado cierto entusiasmo popular que los especialistas consideran desproporcionado. Numerosos comentaristas han intentado atribuir a este hecho un significado político. Las autoridades han pedido prudencia. No corresponde sacar conclusiones apresuradas a partir de la destrucción de un edificio.
Especialistas en seguridad recuerdan que las causas de fondo suelen ser mucho menos complejas de lo que algunos filósofos pretenden.
Como ha dicho un experto en seguridad, cuando una fortaleza es tomada por una multitud, normalmente se debe a que la multitud decidió tomar la fortaleza.
Todo lo demás son interpretaciones vacuas.
Versalles, 5 de octubre de 1789
Se comenta que en palacio ha habido querellas internas. Ayer cuatro de octubre de 1789, una multitud de mujeres partió desde los mercados de París hacia Versalles exigiendo pan. Llevaban picas, cuchillos y al menos un cañón arrastrado a mano.
Al día siguiente, la familia real fue conducida de regreso a París entre una escolta de cabezas sobre picas. Antes de partir, se dice, algún funcionario habría planteado a los monarcas que las protestas se asocian a la falta de pan. La respuesta habría sido que “A falta de pan, buenas son las tortas”.
París, septiembre de 1791
Tras años de tensión, Francia parece haber encontrado una solución institucional al ciclo revolucionario. Una Asamblea ha concluido la elaboración de un nuevo orden político. El texto, compuesto de un preámbulo y doscientos siete artículos, fue jurado por Luis XVI el catorce de septiembre con expresiones de entusiasmo que algunos observaron demasiado vehementes para ser del todo creíbles.
El ambiente es optimista. Numerosos ciudadanos creen que los problemas acumulados durante siglos podrían resolverse mediante la correcta redacción de un documento. Los constituyentes han trabajado con entusiasmo durante dos años. Cada semana agregaban nuevos artículos. La esperanza nacional aumentó proporcionalmente al número de páginas.
Algunos escépticos se preguntan si la escasez de pan, la crisis fiscal y el colapso de la legitimidad monárquica pueden solucionarse mediante una cuidadosa regulación de los procedimientos. “Por fortuna (ha dicho un columnista), tales voces son minoritarias”. La confianza en los textos permanece intacta. Se recuerda, al margen, que el mismo rey intentó fugarse a Varennes en junio pasado y fue devuelto a París bajo escolta. Los constituyentes han considerado que este incidente no invalida el........
