Los años de adolescencia y la "ultraizquierda"
Los dirigentes de izquierda de la década del 60 aprendieron que no se toma el poder y si se asciende al gobierno, con los condimentos necesarios para una democracia funcional, casi todos los jefes políticos y militares de la insurrección sesentera se sumaron a la propuesta de pacificación, otros se quedaron en la "guerra" que convirtieron en una especie de negocio, y con uno que otro discurso destemplado. Secuestraban a algún empresario o industrial, administrador gringo y luego creaban la noticia de que era un agente de la CIA y ya con eso se trataba de arrancar la razón crematística del secuestro y lo transformaban en un acto de las fuerzas revolucionarias en defensa de la soberanía. Lo de a alguien como miembro de los servicios de inteligencia de los Estados Unidos es ya una fórmula crónica, algo así como lo que comento en televisión Tarek William acerca de Lula Da Silva, y hoy se dice de Mario Silva. Y que antes Mario Silva el hoy descafeinado propagandista del gobierno decía de quien le diera la gana.
En los años 70 y 80 del siglo pasado era de lo más común convivir con los sectores llamados de ultraizquierda, entre consignas incendiarias, una botella con mecha de trapo en su bolso, alguna documentación torpemente forjada y algún círculo de estudios absolutamente indigesto, se les veía convivir. Fetiches que rayaban en lo religioso y un multigrafo obtenido quien sabe de qué forma y lecturas dignas de algún texto inquisitorial, la batalla era por quien era más stalinista o quien saltaba más alto a la hora de gritar un nuevo slogan en la calle.
Pero se les veía como parte de la flora política que abundaba en esos días, los nombres era de por sí dignos de un vademécum cuyo único medicamento para cualquier mal era la eterna receta de la toma del poder político e implantar........
