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Cámaras que proyectan crisis y utopías

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09.02.2026

Como muestra condensada de una sociedad europea en búsqueda, el cine del continente proyecta desde abajo, cada día con más realismo, las crisis y también las utopías.

Acaba de concluir la 61ª. edición de las Jornadas de Cine de Soleura (Journées de Soleure, en francés, o de Solothurn, en alemán), donde la radiografía del continente se hizo imagen en buena parte de la oferta cinematográfica.

Soleura es el más suizo de todos los festivales organizados en este país. Pone el acento en el cine helvético, aunque muy marcado por la fuerte impronta de lo regional. No es casual: solo 140 kilómetros separan Solothurn de Friburgo, Alemania; apenas 150 de Besançon, Francia, y 200 de la frontera con Austria. Con menos de 20 mil habitantes, en las riberas del Río Aar y al pie de la Cadena del Jura, la ciudad recibe durante el festival miles de espectadores que se desbordan en sus siete salas. Este año –del 21 al 28 de enero-- el Festival contabilizó más de 65 mil entradas, repitiendo su ya conocida efervescencia cinematográfica con la impronta del hoy y del aquí.

Palestina, lejos y cerca de Europa

El documental Quien todavía vive (Qui vit encore, su título original en francés), del realizador ginebrino Nicolas Wadimoff, coproducción helvético-francesa,  ganó el gran premio de Soleura. Da voz y ofrece la palabra a nueve refugiados palestinos que relatan sus vidas, la pérdida de seres queridos y el intento de reconstruir sus existencias tras el trauma de una agresión irresuelta. “Al compartir sus historias, los protagonistas buscan reconectar con ellos mismos, dejar de ser fantasmas”, subrayó el jurado al otorgarle el galardón principal, agregando que se trata de una obra que logra una gran hazaña al crear un contexto muy alejado del campo de batalla en Gaza, sin escenas directas de la agresión con el propósito de transmitir mejor el drama de la destrucción física y las pérdidas humanas (https://www.youtube.com/watch?v=DU0yYhJR3wgs).

En el mismo piso por el cual se mueven, los protagonistas dibujaron un mapa estilizado de Gaza: lo han diseñado juntos, de memoria, con tiza blanca. Por otra parte,  en el centro de ese escenario donde se desarrolla integralmente el film, sobre una mesa negra, reconstruyen con marcadores blancos y trazos improvisados lo que fueron sus casas, sus jardines, sus huertos. Ahora todo está destruido. El lugar de la filmación escasamente iluminado, todo a su alrededor, a oscuras: espacio apropiado para el reencuentro de personas que han escapado a la muerte, por muy poco. Los testimonios son desgarradores, y se suceden como un deambular pausado.  “¿Cuánto sufrimiento puede soportar una vida? No lo sé…”, exclama alguien. “¿Quién reemplazará los días y los recuerdos? ¿Quién nos los volverá a traer?”, agrega otro. “En una guerra se vive siempre con la muerte como trasfondo. Se trata solo de sobrevivir”, reflexiona otro de los protagonistas.........

© Aporrea