Relámpagos sobre Miraflores (El eco del 13 de Abril) y el Huele a azufre todavía
Era la madrugada del 4 de febrero de 1992. Caracas olía a pólvora húmeda y a un miedo distinto, no al miedo de costumbre, sino al de la tierra moviéndose bajo los pies del Punto Fijo. En la carcel de Yare, el aire era espeso. El comandante Hugo Chávez Frías, con la boina roja del paracaidista calada hasta la ceja y el rostro tallado por la decepción de un país saqueado, emergió no como un vencedor de cuarteles, sino como un profeta. El golpe fracasó militarmente, sí, pero triunfó en el alma de los cerros. Aquel "Por ahora" retumbó más fuerte que los tanques en la autopista. No se rindió ante un general; se rindió ante la historia y, al hacerlo, se convirtió en la esperanza de los que no teníamos ni nombres en encuestas.
Lo sacaron de Yare y le quitaron las esposas pero creían que estaba rayado, en los barrios ya le estaban construyendo un altar. La salida de prisión, dos años después, fue el inicio del camino largo. La Cuarta República, esa vieja casa de los adecos y copeyanos, creía que la pesadilla había terminado. Qué equivocados estaban. Aquel hombre caminaba los pueblos polvorientos como un iluminado, y la oligarquía, desde sus salones refrigerados, empezó la cantaleta del terror: "¡Ese loco va a freír las cabezas de los adecos en aceite!", gritaban los periódicos, las televisoras, los curas de misa de doce. Pintaron al Comunismo con la cara de Chávez para que la clase media se escondiera debajo de la cama.
Pero en 1998, el pueblo se reveló contra la dictadura de cuarta república y sus representantes adecos y copeyanos, y votó masivamente. El huracán Chavista llegó a Miraflores.
No hubo aceite hirviendo para freír........
