Maduro no es un preso cualquiera. Es un patriota combatiente. Y su pareja Cilia Flores
Nicolás Maduro ha llegado prisionero a los Estados Unidos como un trofeo. Como en el Imperio Romano ha sido una infamia, a la cual se ha degradado Estados Unidos, pues ya no hay principios y normas solo la invocación al dios dinero y al dios encuestas electorales. Pero Maduro no ha ingresado a la jurisdicción de Nueva York como un reo común, sino como un patriota secuestrado en un acto de barbarie, en su propio país, un cuadro intelectual y político, que entiende la prisión no como el fin de su carrera, sino como la apertura de un nuevo frente de una batalla sin tiempo.
Para un hombre formado en la militancia de base, en el sindicalismo del transporte y en la persecución a la izquierda revolucionaria, la celda es un espacio esperado y siempre presente en la historia del luchador social.
Al levantar los dedos en señal de victoria frente a las cámaras del mundo mientras era conducido por los agentes de Estados Unidos, Maduro ejecutó un acto de semiótica política pura, y transformó el escenario de una derrota militar en una plataforma de resistencia simbólica y en una victoria mediática de proyección internacional. Ante el ofensivo discurso........© Aporrea





















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